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Matriz Energetica

by • July 14, 2014 • ArtículosComments (1)4045

Cambios históricos (¿o histéricos?) en la matriz energética por Emilio Palacio

A mediados del 2007, el gobierno del Ecuador decidió que todos los vehículos, comenzando por los taxis, utilizarían gas en lugar de gasolina. Abajo: Desde el 2014, ni siquiera las cocinas domesticas podrán usar gas. Fotos: El Universo.

Palacio copia“SEGUIMOS CON UN DEBATE POLÍTICO MUY POBRE. SE DISCUTE CON LAS VÍSCERAS, NO CON LA CABEZA”, aseguró el jueves el presidente Rafael Correa.

 

Coincidimos, pero hay que agregar que el mal ejemplo lo pone él mismo. Nada lo demuestra mejor, quizás, que los cambios erráticos en la política de combustibles del régimen. 

¿Pueden cuatro burócratas, metidos en una oficina y sin consultar a nadie, decidir cuál será la “matriz energética” ideal para todo un país? ¿No hay demasiados componentes involucrados como para creer que podrían controlarlos todos? ¿No sería más inteligente dejar que las leyes de la oferta y la demanda decidan?

A mediados del 2007, las “mentes lúcidas” de la revolución ciudadana anunciaron un “cambio revolucionario” en la “matriz energética”: todos los automóviles dejarían de usar gasolina y emplearían en su lugar gas subsidiado.

 

Correa llegó a emitir un decreto ejecutivo que autorizó el uso de gas licuado como combustible para los taxistas organizados en la Federación Nacional de Cooperativas de Transportes en Taxis. Petroecuador anunció la construcción de estaciones distribuidoras en todo el país. Varias empresas, intuyendo un gran negocio, se apresuraron a importar vehículos diseñados para ese propósito.

 

“Petroecuador sacará al mercado unos 15 mil cilindros nuevos cada mes. Inicialmente será solo para taxistas”, dijo Carlos Pareja Yannuzzelli, presidente ejecutivo de Petroecuador por esas fechas.

 

“La idea de utilizar gas para el funcionamiento de los vehículos permitirá usar un combustible más limpio y económico”, añadió Galo Chiriboga, entonces ministro de Minas y Petróleos.

 

(Encuentre ambas citas aquí). 

 

Para eso se construyó el proyecto Monteverde-El Chorrillo, que se acaba de inaugurar el 26 de junio pasado, con capacidad para almacenar 60 mil toneladas métricas de gas importado, a un costo de 571 millones de dólares. Su objetivo era muy preciso: atender las necesidades de cientos de miles de vehículos que usarían gas subsidiado.

 

El plan inicial fue construirlo en dos años y cuatro meses, a un costo de 97,4 millones de dólares, por lo que hay que concluir que el “cambio revolucionario” consistió en que gastaron seis veces más y se demoraron el triple del tiempo.  

 

Pero ahora, de repente, sin ningún estudio técnico (al menos, ninguno que se conozca), sin ningún debate entre expertos y sin escuchar opiniones distintas, obedeciendo sólo a sus propias vísceras -como diría Correa-, el gobierno anuncia un nuevo “cambio revolucionario” en la “matriz energética”: sólo que esta vez se eliminará el subsidio al gas y se lo reemplazará por nuevos subsidios a la electricidad y a las cocinas de inducción eléctrica.

 

Nadie sabe cuánto le costarán al país los nuevos subsidios. Nadie conoce cuánto se incrementará la demanda de energía hidroeléctrica. Y aunque lo supiésemos, podría ocurrir que al poco tiempo la cifra se triplique, o se cuadruplique, o se multiplique por seis, como ocurrió con Monteverde-El Chorrillo.

 

El debate de fondo, que el gobierno no quiere hacer, es este: ¿Pueden cuatro burócratas, metidos en una oficina y sin consultar a nadie, decidir cuál será la “matriz energética” ideal para todo un país? ¿No hay demasiados componentes involucrados como para creer que podrían controlarlos todos? ¿No sería más inteligente dejar que las leyes de la oferta y la demanda decidan?

 

Hace siete años, los genios que resolvieron cuál sería la mejor matriz energética para el Ecuador… se equivocaron del medio a la mitad. Embarcaron al país en una inversión multimillonaria, por lo visto inútil. ¿Quién nos garantiza que no volverán a equivocarse, a un costo incluso mayor? 

Entrevista

“Las cocinas de inducción son más ahorrativas sólo en ciertas condiciones”

Tecnólogo Eléctrico Polo Cedeño, ecuatoriano, vive en la Florida, donde maneja su propia empresa de mantenimiento de sistemas de refrigeración y planchas de cocinas comerciales. 

Usted ha experimentado con la eficiencia de las cocinas eléctricas convencionales y las cocinas eléctricas de inducción, ¿qué lo llevó a hacer ese estudio?

 

Mire, quiero aclarar que yo no me opongo a las cocinas de inducción eléctricas. Tienen muchas ventajas. Lo que no me parece correcto es que se las quiera introducir en el Ecuador sin decir las cosas como son, como hacían los mercaderes de la antigüedad, que llegaban con espejos y cuentas para engañar a los indígenas. Hay que decirle a la gente que con las cocinas de inducción van a pagar más que cocinando con gas; pero además, que las cocinas de inducción son más ahorrativas que las eléctricas convencionales sólo en ciertas condiciones, muy específicas, que no necesariamente se van a dar en los hogares ecuatorianos.

 

¿Cuáles son esas condiciones?

 

Primero déjeme explicarle cómo funcionan ambas cocinas. La cocina convencional calienta los alimentos en tres pasos, por decirlo así: primero se calienta la hornilla, esta a su vez calienta la olla, y por último, la olla hace que se calienten los alimentos. Es una transmisión de calor, de movimiento de partículas (porque el calor es movimiento de partículas) que siempre tiene que pasar por esos tres pasos. La cocina de inducción hace lo mismo pero sólo en dos pasos, la hornilla nunca se calienta (por eso es más segura), primero se calienta la olla, que a su vez hace que se calienten los alimentos.

 

Pero entonces la cocina de inducción sí es más eficiente…

 

Siempre y cuando usted utilice las ollas adecuadas. Si la olla no está fabricada con los materiales apropiados, o no tiene el mejor diseño (que tome en cuenta incluso la potencia de la cocina), la generación de calor será lenta, y en ese caso, aunque usted ganó un paso, empleará a la larga más tiempo. He visto que en Ecuador ya están vendiendo ollas adaptadas para las cocinas de inducción, no diseñadas especialmente, es un engaño y en ese caso habrá un desperdicio de energía.

 

¿Pero si se utilizan las ollas apropiadas, entonces sí hay más eficiencia?

 

También hay que tomar en cuenta la potencia de la cocina. He leído que en el Ecuador se van a ofrecer cocinas de 1.300 vatios. Supongo que eso es para que las cocinas sean más baratas, porque a más potencia, mayor precio. Pero esas son cocinas de muy poca potencia, y podría haber problemas cuando haya que cocinar un mayor volumen de alimentos, o cocinar por un tiempo más largo. Se lo ilustro mejor así: ponga a correr un automóvil con una moto. Es posible que al inicio, si ambos llevan poca carga, la moto arranque a mayor velocidad, pero póngales mucha carga y hágalos correr una mayor distancia y verá la diferencia. Usted me dirá que hago mal en comparar un auto con una moto, pero en este caso la comparación es válida por los precios. Una cocina eléctrica convencional de mayor potencia puede ser más barata que una cocina de inducción de menor potencia, y claro está, la gente siempre se fija en el precio.

 

Fíjese en este experimento: comparé una cocina convencional de 2.200 vatios y una cocina de inducción de 1.300 vatios. Ambas más o menos cuestan lo mismo. Encontré que la cocina convencional llevó 8 litros de agua al punto de ebullición en 20 minutos, mientras que en ese mismo tiempo la cocina de inducción calentó los mismos 8 litros a sólo 63,94 ºC. Para hervir el agua, la cocina convencional utilizó 718,67 watts mientras que la de inducción consumió 802,72 watts.

 

Se lo pongo de este modo: si usted quiere freír un huevo o preparar unos bocaditos, le recomiendo una cocina de inducción; pero sí va a hacer cazuela de pescado, utilice la cocina eléctrica convencional.

 

¿Esa diferencia no se ve compensada con otras características técnicas?

 

Las cocinas de inducción son más elegantes, más seguras, es más difícil que usted se queme las manos; son más fáciles de limpiar también. Pero en cambio, se dañan con más facilidad que las cocinas de gas o las cocinas eléctricas convencionales. Son muy delicadas por sus componentes electrónicos. Si no se las cuida, o incluso si hay un apagón, es casi seguro que se quemará un circuito. No es la mejor opción si se trata de una familia de escasos recursos o con poco entrenamiento para manejar aparatos delicados.

 

¿Entonces usted recomendaría reemplazar las cocinas de gas no por cocinas eléctricas de inducción sino por cocinas  eléctricas convencionales?

 

No he dicho eso tampoco. Hay algo que a mí me preocupa: si reemplazan todas las cocinas de gas por cocinas eléctricas, del tipo que sea, la demanda de energía eléctrica en todo el país va a aumentar considerablemente, y yo no sé si las redes de tendido eléctrico en el Ecuador están preparadas para soportar esa tención adicional. Es como el aeropuerto de Quito, que lo construyeron sin una buena carretera. ¿Para qué sirve algo así? Se corre, además, el peligro de choques eléctricos peligrosos, incendios y cosas así. 

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One Response to Cambios históricos (¿o histéricos?) en la matriz energética por Emilio Palacio

  1. Victor Muñoz says:

    Excelente comentario para comprender las decisiones equivocadas del correismo

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