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Banco del Progreso

by • June 23, 2014 • ArtículosComments (0)4415

La catástrofe que se avecina y cómo evitarla Por Emilio Palacio

Palacio copiaREVISEMOS ALGUNAS DE LAS NOTICIAS ECONÓMICAS MÁS IMPORTANTES de las últimas semanas:

 

-El Ecuador empeñó el oro de su Reserva Monetaria Internacional por 400 millones de dólares con Goldman Sachs.

 

-El gobierno olvidó sus antiguas rencillas con el “imperialismo” y le pidió dinero prestado al Banco Mundial y a Wall Street. La deuda externa ya no es un demonio sino nuestra supuesta salvación. 

La dictadura no entregará el poder. Todo el escenario se está montando para que eso no ocurra, para que no se repita una sorpresa como la del 23 de febrero del 2014. Cada día el régimen se endurece más. Los medios de comunicación y los periodistas son el blanco fundamental, pero no el único. Acorralan a los alcaldes que no son adictos al régimen, incluso los que se muestran conciliadores. Someten al ejército y a la policía. Encarcelan al que protesta. Fomentan el odio, dividen, siembran el terror.

-El Banco Central del Ecuador asumió el poder para emitir “dinero electrónico”, que no serán dólares norteamericanos. Se introdujeron luego algunos matices, pero en esencia, el sistema está listo para cuando el régimen lo requiera.

 

-El presidente Rafael Correa advirtió que su administración no financiará más obras de los gobiernos locales porque “no tenemos plata ni para nosotros mismos”.

 

-El mismo mandatario anunció que buscará la manera de “quitarle la plusvalía a la tierra”, preparando el terreno para un nuevo impuesto a la propiedad inmobiliaria.

 

-La Asociación de Clínicas y Hospitales Privadas dijo que no brindará más servicio a los pacientes que le envía el sector público porque el estado no tiene dinero para pagar. (El gobierno cubrió después una parte de esa deuda, pero no toda).

-Algunos constructores aseguran que el país está inmerso ya en una crisis inmobiliaria.

  

Esta lista es incompleta. El lector conoce seguramente otras noticias que revelarán lo mismo: Estamos llegando al límite. Avanzamos hacia una crisis, como veinticinco años atrás, cuando se hundieron la mitad de los bancos, se esfumó el sucre, la moneda nacional, y cientos de miles de conciudadanos huyeron a otras tierras. 

  

Esta crisis no es igual a la anterior

En aquella ocasión, el derrumbe se produjo mientras se hundían los precios del petróleo. Ahora es distinto. Ahora hay dinero, muchísimo dinero. Bastaría con una administración medianamente sensata para encaminarnos hacia una senda de progreso. Lo que ocurre es que el gobierno se empecina en sostener un modelo económico centralizado y burocrático que “No va más”, como han advertido diferentes especialistas.

 

Venezuela es el espejo donde podemos mirarnos. Nicolás Maduro también exporta petróleo a precios increíblemente altos, y aún así hay escasez, desempleo e inflación, porque el modelo económico es muy parecido al nuestro. En esencia, consiste en que un puñado de funcionarios estatales, que no escuchan a nadie, lo deciden todo a su capricho: qué se produce, qué se importa y qué se exporta, y en qué condiciones. Así se paraliza el aparato productivo. Nadie quiere invertir, porque nadie sabe qué decidirán los burócratas mañana. 

 

La estrategia de aguardar

Así que nos aproximamos a una crisis, y la única pregunta que nos queda es qué podemos hacer para evitarla.

 

Descartemos la posibilidad de un golpe de estado. Los militares, que se queden en sus cuarteles. Esta vez la crisis la tendremos que resolver los civiles.

Descartemos, así mismo, cualquier fórmula de intervención extranjera. Sanciones económicas foráneas, como las que proponen algunos, sólo dañarían a la población y le darían argumentos a la dictadura para justificar sus atropellos.

 

Una alternativa es aguardar las elecciones del 2017, para entonces votar por un candidato que ofrezca un programa distinto.

 

¿Pero hay tiempo para eso? ¿Aguantará el país tres años más? No podemos descartarlo. A lo mejor tenemos más suerte que Venezuela, que se derrumbó mientras los venezolanos aguardaban la siguiente elección. Hoy sufren las consecuencias.

 

Pero aun si llegásemos al 2017 sin que la crisis estalle del todo, la dictadura no entregará el poder. Todo el escenario se está montando para que eso no ocurra, para que no se repita una sorpresa como la del 23 de febrero del 2014. Cada día, el régimen se endurece más. Los medios de comunicación y los periodistas son el blanco fundamental, pero no el único. Acorralan a los alcaldes que no son adictos al régimen, incluso los que se muestran conciliadores. Someten al ejército y a la policía. Encarcelan al que protesta. Fomentan el odio, dividen, siembran el terror.

Lamentablemente, la inmensa mayoría de las figuras de oposición sostienen esta estrategia: aguardar hasta el 2017, casi sin hacer nada. Así que a lo mejor no nos queda más que esperar, rogándole al cielo que el edificio económico y social, con todas sus flaquezas, resista.

  

Sí hay otra estrategia

Respetamos el criterio de la mayoría opositora, pero reclamamos nuestro derecho a proponer otra estrategia, a sugerirla con el ferviente deseo de persuadir, como hacen los demócratas cuando quieren que los demás modifiquen su punto de vista.

 

La constitución nos permite exigirle la renuncia al presidente. Se lo puede conseguir si se reúne la presión social necesaria. 

 

La constitución reconoce el derecho a la resistencia pacífica, es decir a convocar un gran Paro Cívico Nacional, como el que obligó a los militares a renunciar al poder en los años sesenta, paralizando la producción, el comercio y el transporte, hasta el punto en que la situación se vuelva insostenible para el primer mandatario. Se lo puede lograr, si las cámaras de la producción, los movimientos sociales y los sindicatos se reúnen para buscar un acuerdo mínimo de consenso, como se hizo entre 1965 y 1966, cuando los militares gobernaban. Aprendamos de la Historia.

La enorme ventaja de un paro cívico nacional es que las protestas pueden ser pacíficas. No es indispensable salir a las calles, como en Venezuela. Aun así, la constitución permite además hacer un llamado a los soldados y policías para que no repriman a los descontentos. Si los de uniforme ven al pueblo y a sus líderes decididos en su llamado, escucharán.

 
Con un paro cívico nacional, que consiga la renuncia del presidente, se impondrá una rectificación urgente en el rumbo económico y un clima electoral libre y con garantías. Entonces, y sólo entonces, el pueblo escogerá a los mandatarios que hagan falta para evitar que avancemos al despeñadero.  
La dictadura de los años sesenta: Marcos Gándara Enríquez, Ramón Castro Jijón, Luis Cabrera Sevilla y Guillermo Posso Freile. Contaron con el apoyo de Estados Unidos y parecían invencibles. Posso salió primero, por contradicciones internas. A los demás los derrotó un paro cívico nacional de las cámaras y los sindicatos unidos.

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