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onu Correa

by • October 14, 2015 • ArtículosComments (0)970

Correa le enseña los dientes a Obama otra vez Por Emilio Palacio

Ante un auditorio casi vacío de la ONU, el presidente del Ecuador le mandó una filípica innecesaria al presidente de la nación más poderosa del mundo. ¿Con qué intención? Foto: Naciones Unidas.

Palacio copiaUn principio de la diplomacia es que si quieres refutar un milagro, te convendrá que no menciones en lo posible al santo. La cultura diplomática de Rafael Correa, sin embargo, es tan pobre como su inglés, así que cuando intervino ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el pasado 28 de septiembre, no tuvo ningún reparo en mandarse una rabotada sobre la política para Cuba de Barack Obama, que acababa de intervenir, pocas horas antes, en el mismo salón:

“Entristece cuando se escucha al presidente Obama decir ‘hemos cambiado 50 años de embargo’ [contra Cuba]. Propone cambiar 50 años de embargo, no porque ha roto con todo el derecho interamericano, con todo el derecho internacional, contra los derechos del pueblo cubano, contra los derechos humanos, sino ‘porque no ha funcionado’ ”.

Si el objetivo de Correa era apoyar a Cuba en su propósito de que Washington alivie el embargo mediante decretos ejecutivos (algo que ya está ocurriendo, pero no al ritmo que La Habana desearía), llama la atención que se apartase de la estrategia más bien conciliadora de Raúl Castro, que pocas horas antes y a pocos metros de allí, había protagonizado el primer encuentro entre dos mandatarios de Cuba y Estados Unidos en suelo norteamericano en más de medio siglo. Hubo sonrisas y apretones de manos para las cámaras. Nada de restregarle a Obama por un pasado del cual él mismo ha tomado distancia varias veces.

Quizás fuese sólo un exabrupto, pero hay evidencia de que a lo mejor se trata de algo más: El correísmo habría resuelto una nueva ofensiva “antiimperialista”. 

Correa no se limitó a hacerle sonar el cascabel de Cuba al gato norteamericano en sus propias narices; en el mismo discurso de 24 minutos, en un salón casi vacío de la ONU, se alineó abiertamente con Rusia e Irán en torno a Siria:

“Ecuador también expresa su solidaridad al pueblo sirio, víctima del conflicto que ha destruido familias, bienes, personas. Ciertas potencias [en alusión a Estados Unidos] hicieron caso omiso al principio de no interferencia en asuntos extranjeros y sólo exacerbaron la violencia”.

De nuevo, si Correa quería cuestionar la pésima política de las grandes potencias en el Medio Oriente, llama la atención que mencionase sólo la “interferencia” de Washington, y no la de Moscú, que casi a la misma hora alistaba sus aviones de combate para bombardear a los sirios moderados que se levantan contra una dictadura de larga data.

Correa también aprovechó su viaje a New York para abrazarse con Hasan Rohani, presidente de Irán. Le pidió que le transmitiese sus saludos personales al líder religioso Seyed Ali Jamenei, y declaró: “Ecuador está contento de que el pueblo persa haya podido resistir ante los poderes mundiales”.

Rohani le respondió: “La república islámica de Irán está preparada para desarrollar sus relaciones con Ecuador en diferentes campos económicos, científicos y culturales”.

Días antes de su viaje a New York, Correa recibió en Quito a un grupo de cubanos que permanecieron presos durante década y media en Estados Unidos por cargos de espionaje y conspiración. La Habana los considera “héroes”, ya que se infiltraron en grupos anticastristas de Miami para reunir información sobre sus actividades, pero Washington asegura que además metieron sus narices en sus secretos militares. Correa les agradeció por su “ejemplo de dignidad y lucha”. Ellos le colocaron un prendedor de reconocimiento y la Asamblea Nacional les organizó un homenaje.

¿Por qué Correa se abriría de nuevo un frente de pelea con Washington, justo en medio de su peor crisis económica y cuando más necesita de todo el financiamiento que el mundo le pueda ofrecer? ¿No se supone que está conversando con el FMI?

Todo esto podría ser la reacción enojada de Correa ante la decisión de mayo pasado del Buró de Industria y Seguridad (BIS), del Departamento de Comercio de Estados Unidos, que prohibió que cualquier empresa norteamericana le venda software para encriptación y sistemas de seguridad en la información a la Corporación Nacional de Telecomunicaciones, que “ha estado involucrada, está involucrada, o supone un riesgo significativo de involucrarse en actividades contrarias a los intereses de política exterior de Estados Unidos”.

Un experto en telecomunicaciones al que consultamos (y que pidió mantener su nombre en reserva) concluyó que la resolución del BIS tendría que ver con los vínculos de Ecuador con Irán y China. Estados Unidos ha sido víctima de varios ataques informáticos, y se sospecha que China podría estar involucrada.

Pero todo el alboroto “antiimperialista” de Correa también podría tener otra explicación.

Las protestas en Ecuador se han calmado, pero la crisis económica se profundiza. Muchos estiman que es cuestión de tiempo (quizás diciembre) para que las calles se calienten de nuevo. En condiciones así, el recetario de los asesores castristas de Correa siempre incluye al menos tres ingredientes esenciales:

1) Hacerle creer a todos que se vienen cambios importantes: “Correa se retira, ya no quiere la reelección”, “Ahora sí hará las paces con la inversión privada”, y “Ahora sí escuchará a Nathalie Cely y no a Ricardo Patiño”.

2) Promover a los opositores menos agresivos, como Jaime Nebot, para restarle espacio a los más resueltos, como Guillermo Lasso, Sociedad Patriótica o el FUT y la Conaie.

3) Recordarle al pueblo que el único culpable del desempleo y la carestía es, por supuesto, el “imperialismo”, el mismísimo imperialismo al que aun así se le pide ayuda y financiamiento.

Contenido publicado originalemete en

https://www.emiliopalacio.com/14-oct-2015.html

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