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Empresaurios

by • March 7, 2015 • ArtículosComments (0)1895

La dictadura le lanza un salvavidas de plomo a los empresarios Por Emilio Palacio

Quito, 2 de marzo del 2015: El dueño del país coquetea con dirigentes de la empresa privada, que le sonríen, sin percatarse de la trampa en que se han metido.

Palacio copiaLOS EMPRESARIOS ECUATORIANOS SABEN, COMO CUALQUIERA, QUE CUANDO EL BARCO SE HUNDE, UNO SÓLO TIENE TRES OPCIONES: Lo inteligente es buscar un bote y alejarse a toda prisa; lo tonto es cerrar los ojos al desastre; y lo verdaderamente estúpido es aferrarse a un salvavidas de plomo.

Hace un año, el 27 de febrero del 2014, la mayoría comprendió (y lo ratificó en las urnas) que el barco de 

la “robolución” ciudadana comenzaba a irse a pique. La discusión, desde entonces, es cuál bote salvavidas nos conviene más, el de Guillermo Lasso, el de Jaime Nebot o el de Lucio Gutiérrez, y si sería mejor remar juntos o por separado.

El ex ministro de Finanzas Fausto Ortiz prevé que este año la economía crecerá un raquítico 1,5%. (Cordes estima 1,7%; el Bid, 2,1%). Traducido al idioma de la calle, eso significa despidos, stocks que se acumulan, negocios que se cierran.

Así que el barco se hunde, y cerrar los ojos no salvará a nadie de morir ahogado.

Los que no quieren ver

Los ciegos, sin embargo, no son los más pobres. Todo lo contrario, los trabajadores y los indios han convocado a una nueva jornada de protesta para el 19 de marzo porque ya resienten el daño que está causando la dictadura. La clase media y muchos empresarios los apoyan.

Pero entre los que no quieren ver se hallan algunos empresarios que durante 

ocho años hicieron dinero con los contratos del petróleo caro. Como el drogadicto, que pierde el sentido de la realidad cuando se inyecta, estos empresarios nunca quisieron admitir que el gobierno conduciría a 

la economía inexorablemente a una catástrofe.

Para justificarse a sí mismos, desarrollaron esta teoría: en el gobierno habría dos alas. La catástrofe, dicen ellos, sólo se producirá si Rafael Correa se deja arrastrar por la izquierda de Ricardo Patiño, que defiende el intervencionismo estatal. La perspectiva podría ser más halagüeña si se fortaleciese la derecha de Nathalie Cely o Vinicio Alvarado, los “pragmáticos” del régimen, que supuestamente creen en el libre comercio y en la ventaja de contar con los empresarios.

Dos alas para un solo avión

En el gobierno hay dos alas, por supuesto, pero sus discrepancias no se refieren al fin, sino a los medios para conseguirlo.

Ambos grupos coinciden en que el estado -es decir, ellos mismos- debe concentrar más poder (político y económico) que todas las clases sociales juntas, de tal modo que ellos puedan resolver incluso sobre los asuntos más insignificantes sin que nadie se les resista.

Como parte de ese proceso tienen previsto convertirse (ya comenzaron a hacerlo) en los nuevos millonarios del Ecuador, acumulando fortunas incalculables, a costa de los empresarios apolíticos que no integren el grupo dirigente de Alianza PAÍS.

Con esa intención han ido aplastando a cualquier grupo económico o social que disponga de autonomía como para ser una amenaza, banqueros y maestros, indios o importadores, industriales y sindicalistas.

La discrepancia radica en que Patiño le tiene más miedo a Henry Kronfle que a Mery Zamora, mientras que Nathalie Cely le tiene más odio a los indios que a Isabelita Noboa. La discusión es cuál cráneo revientan primero en el camino a convertirse en los dueños absolutos del nuevo Ecuador.   

No hay ninguna posibilidad, digámoslo de una vez, de que una de estas dos alas triunfe sobre la otra, como no hay ninguna posibilidad de que un avión vuele con un ala solamente. Podría ocurrir que Patiño abandone el gobierno, pero entonces Correa echará a Nathalie Cely para conservar el equilibrio. Porque el plan de Correa no es aplastar primero a los movimientos sociales y después a los empresarios, o al revés -eso lo dejaría a merced del grupo que sobreviva más tiempo-, sino reventarlos a ambos, pegándoles un día a los unos, al día siguiente a los otros, y después comenzar el proceso de nuevo, una y otra vez.

¿Giro a la derecha o la misma incoherencia de siempre?

El lunes de esta semana, Correa invitó a varios empresarios para ofrecerles un paquete de “ayuda” de 350 millones de dólares que se repartirán así: 253 millones para devolución de impuestos (drawback), 25 millones para exoneración del anticipo del impuesto a la renta y 65 millones en certificados de abono tributario. Previamente, el 18 de febrero, había firmado el decreto 518, para que algunos empresarios “propongan” proyectos de inversión que el gobierno decidirá si valen la pena, o no.

El ala derecha del régimen le susurró esta explicación al oído a los empresarios que acudieron al encuentro: “El presidente ya se dio cuenta de que necesita de ustedes para salir del bache económico en que se ha metido, así que aprovechen para halagarlo”.

Casi al mismo tiempo, sin embargo, Correa echaba de la cartera de Comercio Exterior a Francisco Rivadeneira, artífice del acuerdo comercial con la Unión Europea, y anunciaba, casi histérico, que se largará de la Comunidad Andina de Naciones y elevará los aranceles a las importaciones de todos los países del mundo.

Ayer, viernes en la tarde, lo concretó: se aplicarán salvaguardias del 5% al 45% a 2.800 productos importados, incluyendo algunas materias primas y bienes de capital. Es un golpe durísimo para la economía real.

Claro que algunos empresarios, los que más doblen la cerviz, sacarán tajada de los 350 millones de dólares prometidos. Pero eso no cambiará lo esencial. Lo que Correa les ofrece a los empresarios no es ni siquiera “un poquito más” de libre comercio. Les arroja la misma receta que ya conocemos: incoherencias, de principio a fin. El modelo de un estado que le chupa la sangre a la economía, y que nos conduce a un desastre, no se modificará en lo absoluto.

La verdadera explicación

A Correa la crisis económica no le preocupa. Está convencido de que sus recetas estatistas funcionan, y de que en todo caso Rusia, China y la Divina Providencia vendrán en su ayuda. Lo que sí le preocupa es que la oposición está creciendo, que Guillermo Lasso ahora habla de pelear en las calles, justo en momentos en que los trabajadores del FUT y los indios de la Conaie han convocado a una jornada de protesta para el 19 de marzo.

El verdadero objetivo de la reunión del lunes fue evitar que más empresarios apoyen la jornada del 19 de marzo. Para eso, sólo para eso, y con esa intención muy puntual, la dictadura le lanzó a algunos exportadores un salvavidas de plomo.

¿Serán tan torpes como para caer en la trampa, o comenzarán por fin a buscar el bote salvavidas que necesitamos, y a remar juntos con los que ya abrieron los ojos?

No hay ninguna posibilidad, digámoslo de una vez, de que una de las dos alas de la dictadura triunfe sobre la otra, como no hay ninguna posibilidad de que un avión vuele con un ala solamente. Podría ocurrir que Patiño abandone el gobierno, pero entonces Correa echará a Nathalie Cely para conservar el equilibrio. Porque el plan de Correa no es aplastar primero a los movimientos sociales y después a los empresarios, o al revés -eso lo dejaría a merced del grupo que sobreviva más tiempo-, sino reventarlos a ambos, pegándoles un día a los unos, al día siguiente a los otros, y después comenzar el proceso de nuevo, una y otra vez.

¿A quién se asemeja Correa, a Velasco o a la dictadura militar?

José María Velasco Ibarra y Guillermo Rodríguez Lara, también gobernaron con diferentes alas políticas a su alrededor. ¿A cuál se asemeja más el modelo de Rafael Correa?

Los empresarios, como Henry Kronfle, que apuestan al fortalecimiento del ala derecha del gobierno, quizás se inspiran en la experiencia histórica de la dictadura militar que gobernó entre 1973 y 1979, y que durante su primera etapa también se vio desgarrada por una lucha intestina entre dos alas: la izquierda, encabezada por Guillermo “Bombita” Rodríguez, y la derecha, manejada por Guillermo Durán.

La táctica de algunos empresarios de promover al grupo de derecha sí dio resultado en aquella ocasión. En 1976 asumió el poder un triunvirato, encabezado por el almirante Alfredo Poveda, pero en el que Guillermo Durán llevaba la voz cantante.

El ala derecha se impuso, sin embargo, sólo después de que destituyeron a Guillermo Rodríguez. De otro modo no lo hubiesen conseguido. Es como si ahora Nathalie Cely se propusiese destronar a Correa.

El esquema político de Correa se asemeja más bien al de José María Velasco Ibarra, que también tuvo varias alas a su alrededor, pero que nunca dejó que una se imponga sobre la otra. El sector de izquierda estaba encabezado por Carlos Julio Arosemena; la derecha quedó primero en manos de Camilo Ponce y luego de Jaime Nebot Velasco; y también existió un ala propiamente populista, manejada por Pedro Menéndez Gílbert.

Velasco, como Correa, un día alentaba a la izquierda, al día siguiente a la derecha, y luego repetía la rutina. “Mi corazón es de izquierda y mi cerebro de derecha”, explicó en alguna ocasión.

Afortunadamente, Velasco nunca pudo consolidarse en el poder, pero esos zigzags y esas “incoherencias” fueron precisamente el secreto de su larga permanencia en el escenario político nacional. 

happy wheels

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