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by • May 11, 2014 • ArtículosComments (0)2461

Hay cosas que el dinero (del petróleo) no puede comprar Por Emilio Palacio

Palacio copiaEn abril e inicios de mayo, el escenario político en el Ecuador se caracterizó por un desacostumbrado malestar social. Las protestas del movimiento Yasunidos (en la Sierra), el desafío del pueblo Sarayacu (en el Oriente) y las quejas de padres de familia al inicio de clases (en la Costa), marcaron una tónica inusual.

 

El gobierno se defiende con el razonamiento de que sólo protestan algunas minorías, y no deja de tener algo de razón: Los Sarayacu son una tribu de dos mil pobladores; el movimiento Yasunidos reúne unos mil activistas (si excluimos a quienes les dieron su firma, por supuesto); y los padres de familia que reclamaron al inicio de clases eran unos cuatro mil.

 

Es una manera de leer los datos; una manera equivocada, sin embargo.

El gobierno decidió que había llegado la hora de cambiar la “matriz productiva”. La burocracia quiso decidir qué se produce, con qué insumos y a qué costo. El resultado fue inmediato: Según la última Encuesta Nacional de Empleo del INEC, el primer trimestre de este año se perdieron 59 mil empleos plenos. El desempleo urbano se incrementó 0,7 puntos, a 5,6% en relación al trimestre anterior. Igualito que con las escuelas.

Correa todavía tiene dinero (y si no, emitirá)

 

Los millones de descontentos del 23 de febrero no han ido más allá de depositar su voto en las urnas para derrotar a Alianza PAÍS por varias razones, pero hay una que sobresale: el gobierno todavía tiene dinero. En enero, el precio del crudo en los mercados internacionales se comenzó a recuperar del brusco derrumbe de fines del año pasado. No hemos vuelto al escenario de precios muy altos, pero la situación tampoco es desesperada. (Ver gráfico más abajo).  

 

En abril, asimismo, se le abrieron dos nuevas fuentes de financiamiento al gobierno: El Banco Mundial concederá 1.000 millones de dólares, y Wall Street podría aceptar bonos ecuatorianos quizás hasta por 1.500 millones de dólares más, según un informe muy reciente de Reuters. No es dinero de libre disponibilidad, pero aliviará la situación de la balanza de pagos.

 

Desde febrero, sobre todo, el régimen dispone de un arma secreta: el Banco Central del Ecuador ya puede emitir dinero. Si llegasen a faltar los dólares para cumplir los compromisos internos, pagará con dinero propio. Será la muerte de la dolarización, pero el sistema fue diseñado de tal modo que al inicio muy pocos se darán cuenta.

 

El gobierno contesta como siempre: pegando más duro

 

Los descontentos también se cuidan de protestar por otra razón igualmente práctica: no quieren que les den con un garrote.

 

El miércoles 5 de mayo, dos helicópteros de la policía intentaron aterrizar en Sarayacu. Al constatar su fracaso, el presidente anunció que volverán a intentarlo, y si no lo consiguen, declararán el estado de emergencia, con lo cual soldados con armas largas ingresarán en territorio indígena, un escenario muy similar al 30 de septiembre del 2010.

 

No se ha producido una masacre aún porque por unos días el ala negociadora del gobierno tomó el control. El 18 de mayo se instalará una nueva directiva del pueblo Sarayacu. El plan A es comprar a los flamantes dirigentes con montañas de ofertas sociales y dinero. En ese caso, se evitará un escenario sangriento. Pero si esa política fracasa, se podría poner en marcha el plan B: declarar el estado de emergencia y que intervenga el ejército.

 

Un estado monstruoso que la burocracia correísta ya no controla

 

Algunos imaginan que es imposible derrotar a un gobierno así, con bastante dinero y garrote. Son los mismos que imaginaron que Rafael Correa sería invencible en las urnas, y no pudieron por eso prever los resultados del 23 de febrero.

 

Perdieron de vista que a pesar del dinero y el miedo, el correísmo tiene un talón de Aquiles que es característico de los modelos burocráticos: el estado ha crecido de tal manera, y se ha vuelto tan gigantesco, que a la burocracia le resulta cada vez más difícil manejarlo, sobre todo porque la única receta que conoce para solucionar cualquier inconveniente es hacer crecer el estado aun más.

 

El inicio de clases en la Costa fue el síntoma más reciente de esa enfermedad. La crisis no se produjo porque se redujesen las inversiones en educación, como en el pasado, cuando el precio del petróleo andaba por el piso, sino porque el presupuesto para educación se volvió tan voluminoso que el estado decidió suprimir de un día para otro las escuelas privadas en los barrios populares, y tuvo tanto “éxito” que el sistema colapsó: miles de padres de familia se encontraron sin cupo, o con cupos mal asignados, porque la burocracia no supo construir suficientes aulas ni contrató nuevos maestros, a pesar de que contaba con dinero. El presidente Rafael Correa culpa a los “infiltrados” en el Ministerio de Educación, que “no entienden” conceptos tan elementales como economía a escala. Lo que ocurrió en realidad es que, como no se discute con libertad y no se permiten las críticas a los jefes (los maestros tiene prohibido incluso dar declaraciones a la prensa), nadie se atrevió a decir “pisemos el freno”, hasta que el vehículo se chocó contra la pared.

 

Sí, es cierto, Correa todavía tiene dinero y maneja muy bien el garrote, y eso hará que no resulte sencillo derrotarlo. Los sectores democráticos deben prepararse para una pelea compleja. Pero hay dos frentes donde podrían estallar crisis en un plazo no muy lejano. No son los únicos peligros inmediatos, sólo los más visibles:

 

- La producción. A fines del año pasado, el gobierno decidió que había llegado la hora de cambiar la “matriz productiva”. La burocracia quiso decidir qué se produce, con qué insumos y a qué costo. El resultado fue inmediato: Según la última Encuesta Nacional de Empleo del INEC, el desempleo urbano se incrementó dos trimestres consecutivos, hasta llegar a 5,6%. (Ver gráfico más abajo). 

 

Igualito que con las escuelas. 

 

- Provisión de energía. La burocracia ha decidido, desde alguna elegante oficina de Quito, que conviene que las grandes mayorías abandonen las cocinas a gas y utilicen cocinas eléctricas. Así que, en los próximos meses, a los consumidores los acarrearán de un establo a otro, sin importar sus preferencias. ¿Cómo afectará eso la demanda de energía hidroeléctrica? ¿Cuánto se incrementará en consecuencia el subsidio eléctrico total? ¿Qué ocurrirá con todos los empleos vinculados a la distribución de gas de uso doméstico? 
 
Conoceremos las respuestas, probablemente, cuando centenares o miles de usuarios no encuentren otro remedio que salir a quejarse, deteriorando un poco más los cimientos del correísmo.

El precio del crudo mejora…

El precio a futuros del petróleo WTI (West Texas Intermediate, que sirve de referencia para el crudo ecuatoriano) se derrumbó a fines del año pasado. Desde el 9 de enero se ha vuelto a recuperar, aunque todavía lejos de sus máximos anteriores. Fuente: www.24hgold.com.

… pero el desempleo aumenta

A fines del 2013 y comienzos del 2014, la tasa de desempleo (“corregida” por el correísmo) aumentó por dos trimestres consecutivos, algo que no ocurría desde el 2008. Fuente: www.inec.gob.ec.

 

29 de abril del 2014, Guayaquil, Distrito 8 (al norte de la ciudad): Centenares de padres de familia, desesperados, buscan un cupo en alguna escuela o colegio para sus hijos. ¿No pudieron organizar el inicio de clases y pretenden manejar la producción y el empleo? Foto: El Universo.
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