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Aeropuerto Santa Rosa

by • September 9, 2015 • ArtículosComments (0)1356

El metro de Rodas será como los aeropuertos de Correa Por Emilio Palacio

El Aeropuerto Regional Santa Rosa, en la provincia de El Oro, permanece semiparalizado desde hace cinco años. Costó 45 millones de dólares, el doble de lo previsto. 

Palacio copiaHasta los locos de atar intentan mostrar alguna “lógica” en su locura. El discurso económico de Rafael Correa también tenía su “lógica”, que más o menos iba así: La dictadura correísta invertiría todo el dinero del petróleo en obras de infraestructura. Con el tiempo, eso nos daría réditos para no depender más del crudo. Por tanto, no había que ahorrar; porque mientras más se invirtiese, mejor. 

Los ocho proyectos hidroeléctricos (Coca-Codo-Sinclair, Sopladora y demás), que supuestamente incorporarán casi 3.000 MW de energía en los próximos dos años, iban a ser la pieza maestra de este “plan”. Generarían tanta electricidad y dinero que ya no necesitaríamos casi del petróleo. 

Este discurso se basó en la suposición de que el precio del petróleo se mantendría muy alto por algunos años (hasta que las principales obras estuviesen en marcha), pero eso no ocurrió. Merrill Lynch acaba de concluir, en un informe reservado, que todas las obras del estado correísta juntas no alcanzarán para pagar la deuda externa que generaron, así que el dinero tendrá que salir del bolsillo del pueblo, mediante un ajuste durísimo.

Explica la consultora del Bank of America:

Incluso bajo el supuesto de los retornos más optimistas, encontramos que  las ganancias de los grandes proyectos recientes de inversión pública serán insuficientes para cubrir las enormes brechas fiscales y externas que han surgido. Ni siquiera parece probable que estos proyectos puedan completarse, pues requerirán más de 20 mil millones de dólares adicionales en los próximos dos años.

El metro de Mauricio Rodas repite la “lógica” del modelo económico correísta, pero en desventaja con los proyectos hidroeléctricos por dos motivos al menos: 

1. El metro no generará excedentes. Todo lo contrario, el peso de la deuda externa para financiarlo va a ser tan alto que no quedará otro remedio que desviar recursos de otras áreas (¿salud?, ¿educación?) para pagarles a los acreedores extranjeros y subsidiar los pasajes. Se parecerá más al Aeropuerto Regional Santa Rosa, en El Oro, semiparalizado desde hace cinco años porque sus ingresos no cubren sus costos de funcionamiento. Sólo que Quito no es una ciudad del interior sino la capital, y por tanto los municipios que vengan tendrán que mantenerlo en operación al costo que sea, convirtiéndolo en un peso muerto para la economía de la ciudad y el país. 

2. Nadie sabe cuánto costará el metro. No hay un solo analista que no reconozca que el presupuesto actual de 2.000 millones de dólares será insuficiente, pero ninguno se atreve a dar una cifra definitiva. Lo mismo sucedió con el Aeropuerto Santa Rosa, que debió costar 25 millones de dólares pero la factura final alcanzó 45 millones. ¿Pagaremos 4.000 millones por el Metro? 

El problema no es el petróleo sino la productividad

El alcalde Rodas justifica su decisión de empujar el metro a cualquier costo con el argumento de que su construcción generará empleos y dinamizará la economía. Es el mismo argumento con que Correa defiende sus “inversiones” en obra pública. Rodas y Correa pierden de vista que ese es un beneficio momentáneo, que dura sólo hasta que los ingenieros y albañiles retiran los andamios. Luego, las obras de infraestructura estatales se convierten en una carga, a menos que hayan contribuido a incrementar la productividad de la economía.

El Aeropuerto Santa Rosa (45 millones), la Terminal de Gas Licuado en Monteverde (600 millones) o la preparación de los terrenos para la Refinería del Pacífico (1.200 millones hasta ahora), también generaron empleos, pero luego se descubrió que no habían aportado a la productividad del país y en cambio nos dejaron una deuda carísima. 

Ni siquiera está claro que todos los proyectos hidroeléctricos vayan a mejorar la productividad nacional. Hay expertos que denuncian gravísimos errores en su diseño técnico. Pero aunque no fuese así, lo que importa es que el conjunto de las “inversiones” corrreístas serán como las nuevas carreteras que conducen a la frontera Norte, que sirven para generar empleos… en Colombia.

El metro de Quito, tal como fue diseñado por Augusto Barrera y el correísmo (no con el criterio de que se autofinancie, y menos aun que sea una solución de fondo a un problema fundamental), irá inevitablemente por el mismo camino, aunque lo ejecute un alcalde que inicialmente fue elegido como expresión del rechazo ciudadano a ese modelo de gestión, al que ahora se está adaptando con sorprendente facilidad.

 

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