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by • October 4, 2015 • ArtículosComments (0)2363

El 30 S fue una farsa, planificada aun en sus detalles Por Emilio Palacio

La reconstrucción del 30 S fracasó incluso en detalles como la cojera del “secuestrado”. A la izquierda, el 30 S, cuando el dictador debía mostrarse como una víctima; a la derecha, durante la reconstrucción, cuando sólo importaba castigar a los “culpables”. Fotos: El Comercio y Ecuavisa

Palacio copiaCinco años después, la farsa del 30 S se ha derrumbado por completo. Ya casi nadie se come la mentira de que a Rafael Correa ese día lo secuestraron y lo quisieron matar. Pero hay un mito que todavía sobrevive: que el tirano fue al Hospital sin pensarlo mucho, sin reflexionar en lo que estaba haciendo. La evidencia demuestra que no fue así.

Fui uno de los primeros en denunciar que no hubo secuestro, ni golpe, ni intento de asesinato; ahora debo agregar que lo que hubo fue un montaje político, planificado incluso en sus detalles, para justificar la intervención armada del ejército y someter a la policía, que hasta entonces se había mantenido como una institución relativamente independiente.

En esta entrega reconstruimos 25 evidencias que se ignoraron durante la reciente reconstrucción del 30 S y que demuestran cuál fue la verdad de los acontecimientos.

Tres veces se abrió la camisa y cuatro pidió que le disparen. No fue un gesto improvisado, ni un acto irreflexivo, sino la maniobra de un actor, que quiso convencer a las galerías de que debía enviar al ejército para que dispare contra un hospital lleno de gente inocente. 

Nadie retuvo a Correa en el Hospital de Policía

1. El presidente fue al Regimiento Quito por su propia voluntad. Al inicio, los “secuestradores” ni siquiera lo dejaban ingresar. 

2. Según Correa, sus guardaespaldas obligaron al director del Hospital de Policía a abrir la puerta que conecta con el Regimiento Quito. El “secuestrado”, por tanto, se metió en su “encierro” en contra de la voluntad de sus “secuestradores”. 

3. Correa pudo haber salido enseguida por la puerta principal del Hospital, para alejarse a un lugar más seguro, pero exigió que lo ingresen para una revisión médica, justo allí, en medio de sus “asesinos”. 

4. Varios ministros y funcionarios pudieron entrar y salir del Hospital durante todo el día. Le llevaron ropa y alimentos al “secuestrado”, que le habló a los medios de comunicación sin que nadie lo incomode. 

5. Al caer la noche, el GOE y el GIR, leales a Correa, tomaron el control de las escaleras, elevadores, entradas y salidas del Hospital sin encontrar resistencia. En ese momento, no hubo un solo disparo. 

6. La cúpula de la policía, presidida por el general Freddy Martínez, ingresó para informarle a Correa que habían tomado control del lugar y podía retirarse tranquilo. Ellos lo acompañarían. El “secuestrado” se negó a que lo liberen.

Nadie puso en peligro la vida de Correa

7. Cuando Correa le gritó a los policías que lo maten, nadie aprovechó la confusión para acabar con su vida.

8. A media mañana, Correa dijo que sus presuntos asesinos intentaban ingresar por la ventana de su habitación. En realidad les hubiese sido más fácil entrar por la puerta, pero no lo hicieron. En su lugar, los policías enviaron emisarios en tres ocasiones para pedirle que se retire. Él advirtió que sólo los recibiría si ingresaban sin armas y se comportaban con cortesía. Los “asesinos” aceptaron sus condiciones. 

9. En las bodegas del Hospital de Policía no hay cianuro, el veneno con el que César Carrión planificaba “asesinar” a Correa. 

10. Durante el día, hubo muy pocos disparos en los alrededores del Hospital. El intenso tiroteo comenzó en la noche, cuando llegó el ejército, y según los informes del GOE y el GIR, fueron soldados y no policías los que abrieron fuego.

11. Casi todas las balas se incrustaron en la pared Norte de la casa de salud. Ningún proyectil se incrustó en la pared Sur, donde da la ventana de la habitación que ocupó Correa. 

12. Ni una sola bala impactó el automóvil en el que se alejó el presidente, a pesar del intenso tiroteo. Ni la carrocería ni los vidrios sufrieron el más mínimo rasguño. 

13. El gobierno mostró más tarde un automóvil oficial con decenas de impactos de bala, pero ese no era el vehículo que usó Correa. Las balas que dañaron ese vehículo han desaparecido. 

14. La bala que dio con tanta precisión en el pecho del policía Froilán Jiménez vino desde el noreste de la Avenida Mariana de Jesús, donde estaban apostados los francotiradores del ejército.  

La estabilidad política del régimen nunca corrió peligro 

15. El comando de las Fuerzas Armadas y de la policía nacional se declararon leales al presidente desde el primer instante. Ni un solo oficial de alto rango adoptó una postura distinta.  

16. Correa siguió gobernando desde su “encierro”, firmó el decreto del estado de emergencia y dio instrucciones precisas para su “rescate”. 

17. Varios funcionarios reconocieron ese día que nadie intentó desestabilizar al gobierno. 

18. Ni Jaime Nebot, ni Guillermo Lasso, ni Lucio Gutiérrez llamaron a apoyar a los rebeldes. Las cámaras de la producción y los gremios profesionales guardaron silencio. 

19. Un grupo de asambleístas propuso la amnistía para los rebeldes; pero la amnistía sólo la podía conceder Correa, por lo que la sugerencia contemplaba que continuase en el poder. 

20. Todos los medios de comunicación privados acataron la orden de censura. Desobedecieron sólo en la noche, cuando comenzó el tiroteo frente al Hospital. 

La reacción de Correa no fue improvisada sino un montaje político 

21. Antes de llegar al Regimiento Quito, Correa repitió varias veces que los policías rebeldes eran “un grupo de traidores”, lo que demuestra que no fue a convencerlos de que estaban en un error –como diría luego- sino para justificar la intervención del ejército. 

22. El gesto de abrirse la camisa y gritar “mátenme si quieren” no fue improvisado. Correa lo practicó al menos cuatro veces antes de ingresar al Regimiento Quito. 

23. Javier Ponce mantuvo ante los militares sublevados una conducta conciliadora, totalmente diferente a la de Correa, a pesar de que ambos se reunieron en la mañana y coordinaron su estrategia. El informe de las fuerzas armadas corrobora que los militares recibieron la orden de usar armamento pesado contra los policías, incluyendo tanques de guerra. El general Freddy Martínez le advirtió a Correa que habría un baño de sangre entre policías y soldados. Correa estaba prevenido y aún así continuó. 

24. A las 5:11 de la tarde, la ministra de la Política Doris Soliz le dijo a los medios: “No se trata de un golpe de estado, es una indisciplina grave que ha movilizado al país, pero por un asunto de carácter económico”. Casi a la misma hora, Fidel Castro declaraba desde La Habana: “A las 5:12 pm, hora de Cuba, las condenas al golpe se multiplican… El presidente Rafael Correa se muestra firme e indoblegable. El pueblo está mucho más organizado. El golpe a mi juicio está ya perdido”. Se corrobora así que la versión del golpe no se originó en Ecuador sino que provino de los asesores internacionales del correísmo. 

25. Esa misma noche, el Municipio de Quito limpió los alrededores del Hospital, haciendo desaparecer evidencias que hubiesen revelado la verdad. Más tarde desaparecieron también las balas de los cuerpos de los que cayeron ese día.

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