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Castro Obama

by • August 24, 2015 • ArtículosComments (0)1313

¿Por qué Obama no apoya un golpe contra Correa? Por Emilio Palacio

¿Favorece la lucha por la democracia en Ecuador la postura de Barack Obama de no confrontar sino negociar con las peores dictaduras de izquierda en el mundo? 

Palacio copiaRafael Correa denunció, días atrás, que la CIA se esconde detrás de las demostraciones populares de protesta con las que supuestamente se intentaría tumbarlo del poder.

Como recurso de propaganda, es un buen intento. En 1963, la CIA promovió un golpe contra Carlos Julio Arosemena, acusándolo estúpidamente de “comunista”, así que no “suena” descabellado, para los que no conocen la Historia, repetir que hoy ocurre lo mismo.

Sobran las evidencias, sin embargo, para concluir que los escenarios internacionales han cambiado. Barack Obama no pretende pasar a la historia por tumbar gobiernos comunistas sino por restablecer relaciones diplomáticas y comerciales con uno de los gobiernos comunistas más influyentes, el de los hermanos Castro.

Y no es sólo Cuba. La semana pasada, el secretario de Estado John Kerry le pidió a la dictadura de Cuba que interceda para que la dictadura de Venezuela cumpla con las normas de unas elecciones libres.

No es la primera vez que un gobierno norteamericano llega a la conclusión de que no le conviene confrontar más allá de cierto punto con sus enemigos políticos. La lista de negociaciones con fuerzas políticas hostiles es larguísima: Dwight Eisenhower buscó al inicio un acuerdo con Nasser en Egipto y con la guerrilla de Castro en Cuba. John Kennedy le pidió al periodista William Attwood que le transmitiese a los Castro su deseo de reanudar relaciones diplomáticas. Richard Nixon viajó a Beijing a formalizar un acuerdo con la dictadura en China. Jimmy Carter se acercó a los sandinistas de Nicaragua y el MPLA de Angola.

Hoy en día, la negociación se impone de nuevo porque Estados Unidos sigue siendo la mayor economía internacional pero su industria ya no domina el planeta. Sus fuerzas armadas siguen siendo temibles, pero el pueblo norteamericano (que pagó carísimo por los fracasos militares en Vietnam, Afganistán e Irak) no admitiría una intervención en ningún país latinoamericano. Así que no queda más que negociar.

La pregunta del millón es: ¿Favorece esta nueva postura a la lucha por la democracia en Ecuador?

Mi respuesta es un SÍ rotundo.

Correa pudo sortear algunas de las peores crisis de su gobierno con el cuento de que eran conspiraciones de Estados Unidos. Al perder ese recurso, le resultará más difícil apaciguar el descontento de la población. Además, los golpes militares sangrientos de derecha, alimentados por la CIA, nunca sirvieron para acabar con la izquierda antidemocrática. Brasil, Argentina y Grecia lo demuestran.

Pero hay que reconocer que esta nueva postura de Washington ha tenido una influencia un tanto negativa en algunas fuerzas de la oposición, que para no contradecir a la Casa Blanca, ignoran el grito “Fuera Correa, fuera”, y concluyen que no debemos pedir la salida del dictador sino esperar a las elecciones de febrero del 2017, ignorando que para entonces el país estará destruido, como Venezuela, y el fraude será imbatible.

Pero quizás incluso esto tenga su lado positivo. Si convencemos a esos sectores de la oposición de que no estamos proponiendo romper la constitución, porque la constitución ya está rota; de que no promovemos un golpe de estado ni la intervención de los militares, sino la renuncia legítima y legal de Correa, a través de la presión popular en las calles (como se hizo contra la dictadura de los generales en los años sesenta); y de que los países más exitosos son los que han encontrado por sí mismos el camino hacia su libertad, sin el permiso ni la tutela de nadie, entonces quizás, por primera vez, consigamos un retorno realmente sólido hacia una auténtica democracia.

happy wheels

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