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Lasso patea

by • March 12, 2015 • ArtículosComments (0)1825

Guillermo Lasso patea el tablero de la conciliación Por Emilio Palacio

Ibarra, lunes 9 de marzo: César Carrión, Guillermo Lasso, Fausto Cobo, al frente de la manifestación de CREO.

Palacio copiaEL MAYOR PROBLEMA DE LA DEMOCRACIA ECUATORIANA NO ES QUE RAFAEL CORREA COMPITA CON TODAS LAS VENTAJAS A SU FAVOR, sino que una parte de la oposición política se someta vergonzosamente a sus condiciones.

 

Por eso llama la atención lo que ocurrió en Ibarra este lunes, cuando Guillermo Lasso y su grupo CREO se lanzaron a las calles a desafiar a los alzamanos de Alianza PAÍS, que habían convocado a la población para “socializar” la propuesta de que Correa se convierta en presidente vitalicio.

 

Lasso no se achicó cuando las hordas correístas, protegidas por la policía, le gritaron en la cara todos los epítetos imaginables. Animado por sus seguidores (Mae Montaño, César Carrión, Fausto Cobo, Andrés Páez, entre otros), dijo lo que tenía que decir: Que la dictadura quiere reformar la constitución para perennizarse en el poder; que conducen al país a una debacle; que necesitamos la más amplia unidad; y que la pelea es ahora, no el 2017. 

La reacción de los ciudadanos en las redes sociales fue muy positiva, a pesar de las restricciones con que informó la prensa; y a pesar del silencio de algunas corrientes de oposición, que prefieren guardar silencio cuando otros luchan contra el enemigo común.

 

Lasso rompió cuatro “mandamientos” que buena parte de la oposición política ha seguido al pie de la letra (y que él mismo, en alguna medida, acató por un tiempo): 1. “No hay que disputarle a la dictadura la calle y los espacios públicos”. 2. “La única unidad de las fuerzas opositoras que interesa es la unidad electoralista para dentro de dos años”. 3. “No hay que cuestionar el proyecto correísta como un todo sino criticar algunas disposiciones, las que afecten los intereses particulares de cada uno”. 4) “No hay que postularse abiertamente como alternativa de gobierno, ni menos aun arriesgar plata y persona, hasta que las encuestas digan que la victoria está absolutamente asegurada”.  

 

Fracasa la estrategia conciliadora

 

Nadie encarna mejor la estrategia de no confrontar con la dictadura que Mauricio Rodas, alcalde de Quito, y Henry Kronfle, presidente del Comité Empresarial. Los dos han estado muy activos, desde hace meses, convenciendo a otros sectores de que es mejor no incomodar a la dictadura, para que no pegue tan duro.

 

El fracaso de esa estrategia está a la vista. El viernes, cuatro días después de que el presidente se reuniese con varios dirigentes de los empresarios, en el Palacio de Carondelet, la dictadura anunció un nuevo “paquetazo” económico, que encarecerá entre un 5% y un 45% los artículos importados.

 

Cuando el periodista Gonzalo Rosero le preguntó a Henry Kronfle, ayer miércoles, qué le parecía la respuesta del gobierno a su amistosa reunión de la semana pasada, el dirigente empresarial le “aclaró” que él no había promovido una reunión “social”. Es verdad, no fue una reunión social sino una reunión política, para ayudar a la dictadura a sobrellevar su peor coyuntura.

 

Casi al mismo tiempo, por las redes circulaba un video que muestra a empleados de un supermercado Megamaxi, en Quito, mientras retiran de las perchas productos que se encarecerán con el alza de aranceles. De inmediato el ministro de Interior José Serrano anunció por Twitter que castigará a los “especuladores”. Megamaxi contestó que sus empleados lo que hacían era cambiar las perchas. Podría ocurrir entonces que la estrategia de Kronfle no sólo haya servido para golpear el bolsillo del pueblo y las utilidades de los empresarios, sino que haya abierto además la posibilidad de que más de un gerente acabe tras las rejas.

La tarea ahora es vencer el miedo

 

Rodas y Kronfle se equivocan del medio a la mitad con sus posturas conciliadoras. La estrategia de la dictadura para sobrellevar la crisis económica no es el diálogo sino el terror, que en alguna medida -hay que decirlo- le está dando resultado.

 

La amenaza de muerte contra el caricaturista Bonil, las flores que le enviaron al tuitero Crudo Ecuador,  el sospechoso “accidente” que provocó la muerte de María Fernanda Luzuriaga (perseguida por el gobierno por denunciar la corrupción en Cofiec), el anuncio de que  se instalarán cámaras de televisión en los moteles, y como remate, la ocupación violenta, ayer, de la Prefectura de Azuay por una horda de matones gobiernistas, está dando impulso a una nueva ola de miedo que podría contener en alguna medida la movilización convocada por los movimientos sociales para el 19 de marzo.

 

Los dirigentes sindicales e indígenas redoblan estos días sus esfuerzos para vencer ese temor legítimo. El enorme descontento que acompaña el paquetazo arancelario empuja en la dirección correcta. Pero la prédica de los empresarios y políticos conciliadores en cambio no ayuda para nada.

 

Qué ironía, en esas circunstancias, que sea un empresario y banquero el que comience a poner el buen ejemplo.

Quito, 2 de marzo del 2015: Henry Kronfle, Jorge Glas y Rafael Correa presiden el cambio de guardia en el Palacio presidencial, horas antes del amistoso encuentro con los empresarios. Correa sólo invita a esa ceremonia a gente que le sirve.

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