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by • March 20, 2015 • ArtículosComments (0)1232

La dictadura, acorralada por el descontento social, contestará con otro paquetazo Por Emilio Palacio

Arriba, Quito; abajo, Guayaquil (izquierda) y Cuenca (derecha). La mala calidad de las fotografías de aficionados (tomadas de diferentes cuentas de Twitter), no impide constatar el rotundo éxito de las manifestaciones de ayer, 19 de marzo, en todo el país.

Palacio copiaEL DÍA DE AYER SE PRODUJO UNA DE LAS MOVILIZACIONES POPULARES MÁS MULTITUDINARIAS DE LOS ÚLTIMOS CUARENTA AÑOS EN EL ECUADOR, con marchas que recorrieron las principales ciudades del país.

La protesta hubiese sido más contundente, con toda seguridad, si no hubiese sido por la intensa lluvia que cayó sobre Quito, y por la postura de algunos dirigentes de los movimientos sociales que, un día antes, anunciaron que no permitirían que la derecha política se una a las manifestaciones.

¿Qué hubiese ocurrido sin la lluvia y sin esas posturas divisionistas? Imposible saberlo, pero con toda seguridad el escenario político habría resultado aun más 

desfavorable para el régimen de lo que podremos constatar en los próximos días.

La clase media, la crisis económica y el malestar de los militares

Las marchas de ayer no fueron sólo más numerosas que las del 2014; además incorporaron, por primera vez, de manera visible, 

a un sector de la clase media, que dejó de lado sus prejuicios y se unió a los obreros y los indígenas para marchar.

Asimismo, el centro del malestar ya no fueron las demandas democráticas sino el deterioro de las condiciones de vida, el desempleo, la carestía y el reciente incremento de los impuestos a los bienes importados.

Por último, se observó una actitud cuidadosa de la dictadura, que evitó una presencia exagerada de uniformados en las calles y sólo reprimió en Quito al final, cuando la manifestación ya había comenzado a disolverse. 

El dictador, por lo visto, ha tomado nota de las señales de descontento que las fuerzas armadas le han hecho llegar 

en meses recientes.

 ¿A dónde va el correísmo?

Los defensores del régimen nos dirán que el presidente todavía cuenta con muchos simpatizantes. Sin duda es así. Lucio Gutiérrez también disponía de alguna popularidad cuando se derrumbó. Pero ayer se corroboró que la conexión de Correa con las masas en estos ocho años no alcanzó la solidez que logró, por ejemplo, Abdalá Bucaram, o su tío Asaad, o el “profeta” José María Velasco Ibarra. Los simpatizantes de Correa (como le ocurrió a Gutiérrez en sus últimos días) se han vuelto pasivos, miran los toros desde lejos, y no están dispuestos a movilizarse para defender a su jefe, ni siquiera a cambio de dinero y sándwiches, como en años anteriores.

Son los vientos económicos, sobre todo, los que soplan en dirección desfavorable para el régimen. No por casualidad el mismo día de ayer el gobierno del Ecuador colocó bonos por 750 millones de dólares en Wall Street, a 5 años plazo y 10,5% de interés. Es el crédito más caro en muchísimos años para el país. La moratoria del 2009 fue por bonos al 10%, considerados “ilegítimos” por ese motivo. El vecino Perú ha estado captando deuda a 35 años y el 5,6%. La diferencia es que Perú no está desesperado por dinero y por ende no necesita arrodillarse ante los chulqueros.

Todo esto dice de la angustiosa situación financiera en que se halla el régimen. Semanas atrás (según nos reveló una fuente que pidió mantenerse en el anonimato), el gobierno le pidió al Municipio de Guayaquil que congele en el sistema financiero público 50 millones de dólares, por unos días, para atender necesidades urgentes de caja. El cabildo porteño accedió.

Al régimen, entonces, no le quedará más que dictar nuevos paquetazos, que golpearán el bolsillo de todos y avivarán las llamas del descontento.

El gran aliado de Correa: el divisionismo

En las elecciones de febrero del 2015 quedó claro que los ecuatorianos no aspiran necesariamente a que las fuerzas opositoras conformen un solo frente electoral como condición para enfrentar a la dictadura. En aquella ocasión hubo una completa dispersión de candidatos, y aun así los electores le dieron una paliza al partido de gobierno, escogiendo en cada ciudad el candidato con mayores opciones. Quizás una unidad electoral demasiado amplia sería interpretada como una maniobra oportunista: la famosa “camioneta”, de la que hablaba Abdalá Bucaram con tanto desprecio.

Pero el sentimiento unitario sí se manifiesta cuando se trata de defender a un periodista perseguido, derogar medidas económicas equivocadas, procesar a un corrupto o impedir la reelección indefinida. En esos casos los ciudadanos sí quieren ver a todas las fuerzas sumando, no restando.

Si este análisis fuese correcto, lo urgente no sería el frente electoral. Ya se verá más adelante si conviene o no. Lo inmediato sería la unidad de acción, para derrotar los paquetazos, las reformas constitucionales o la persecución.

Lamentablemente hay un sector de la izquierda, encabezado por Alberto Acosta y algunos dirigentes de los movimientos sociales, que se niegan a considerar esta posibilidad. Actúan como si creyesen que es mejor que cada uno reme por su lado.

Quizás no se dan cuenta, pero en la práctica, trabajan para la dictadura. 

Los ecuatorianos no aspiran necesariamente a que las fuerzas opositoras conformen un solo frente electoral como condición para enfrentar a la dictadura. En febrero del 2014 hubo una completa dispersión de candidatos, y aun así los electores le dieron una paliza al partido de gobierno, escogiendo en cada ciudad el candidato con mayores opciones. Quizás una unidad electoral demasiado amplia sería interpretada como una maniobra oportunista. Pero el sentimiento unitario sí se manifiesta cuando se trata de defender a un periodista perseguido, derogar medidas económicas equivocadas, procesar a un corrupto o impedir la reelección indefinida. En esos casos los ciudadanos sí quieren ver a todas las fuerzas sumando, no restando. 

 

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