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by • December 19, 2014 • ArtículosComments (0)3703

Los intereses de Obama y Castro no coinciden con los de Correa Por Emilio Palacio

Aunque la idea no complazca para nada al ego del presidente del Ecuador, lo cierto es que sus intereses, como los de Nicolás Maduro, no contaron en la negociación que acaban de concluir Barack Obama y Raúl Castro.

Palacio copiaSEGURAMENTE CON EL AJETREO DE ESTOS DÍAS, NI BARACK OBAMA NI RAÚL CASTRO SE ACORDARON DE LORD PALMERSTON, uno de los arquitectos del imperio inglés. El tercer vizconde de Palmerston seguramente sí los habría escuchado este miércoles, a los dos, con una irónica sonrisa, porque fue él quien dijo alguna vez: “Los estados no tienen amigos ni enemigos sino intereses”. 

Olvídense de la amistad entre los pueblos, la coexistencia civilizada o la búsqueda del bienestar común. Ni a Obama ni a los Castro los mueve esa retórica -bendecida por el papa de turno- sino intereses políticos y económicos muy concretos y precisos. 

Si ahora Correa buscase su propia reconciliación con Occidente, abandonando él también el barco del “antiimperialismo”, deberá dar nuevas y más audaces volteretas ideológicas. Su travestismo político, que rayó algunas veces en lo ridículo, alcanzará ahora un nivel de paroxismo que planteará la posibilidad de que su credibilidad se derrumbe. Con un agravante: el Ecuador también es un país petrolero, así que el 2015 

-como el propio presidente ya reconoció- será 

un año económicamente muy duro, difícil.

Nuestras pesquisas deben dirigirse en otra dirección. Nosotros, los ciudadanos de a pie, también tenemos nuestros intereses, y el más importante de esos anhelos nuestros, es que esos intereses de los gobiernos y los estados no debiliten la democracia, sino que la fortalezcan.

 

Porque a veces ocurre, pero otras no.

 

Rusia, Venezuela 

y el petróleo

 

Los gobiernos democráticos, como las dictaduras, 

también guardan secretos. La diferencia es que no pueden ocultarlos demasiado tiempo. Documentos oficiales desclasificados por Peter Kornbluh y William LeoGrande, en su libro “La historia escondida de las negociaciones entre Washington y La Habana”, corroboraron que no sólo 

los presidentes demócratas sino también los republicanos habían venido intentando un acercamiento hacia Cuba, mucho antes incluso de que se derrumbe el Muro de Berlín.

 

En fecha tan lejana como el 23 de noviembre de 1981, Carlos Rafael Rodríguez, entonces vicepresidente de Cuba, y Alexander Haig, secretario de Estado de Ronald Reagan, se encontraron en secreto en México. Rodríguez se lo confirmó al diario Granma: “El secretario de Estado 

Haig y yo decidimos, de común acuerdo, que aquella entrevista debía considerarse como secreta”. The New York Times informó: “Hay un sentimiento en La Habana de que quizá el presidente Reagan pueda establecer lazos con Cuba parecidos a los que el presidente [Richard] Nixon [otro republicano] tendió con China”. 

 

Fueron los Castro los que nunca consideraron seriamente la posibilidad de reconciliarse con Washington. No era negocio. Disponían de apoyo financiero y militar de la ex Unión Soviética, y en cambio, hacer las paces con la Casa Blanca los habría dejado sin el pretexto con que han justificado su dominio político absoluto y sus estrepitosos fracasos económicos.  

 

Cuando Estados Unidos ganó la guerra fría, se produjo un remezón. Por un momento pareció que el viento cambiaba de dirección en la isla. Pero aparecieron Hugo Chávez y el petróleo caro de Venezuela. Los Castro pudieron sobrevivir al durísimo ajuste (el famoso “período especial”) al que sometieron al pueblo cubano. Reapareció Rusia, incluso, que bajo el mandato de Vladimir Putin envió buques militares para que atraquen de nuevo, desafiantes, en los muelles de La Habana.  

 

A mediados de este año, la pesadilla de los Castro, sin embargo, reapareció. El precio del crudo se hundió. De golpe, los dos aliados petroleros de Cuba, Rusia y Venezuela, perdieron influencia y poder. 

 

Sólo que ahora los Castro han cumplido 88 y 83 años respectivamente. Nadie sabe cuánto más seguirán al frente, y qué ocurrirá sin ellos si un nuevo “período especial”, que provoque llanto y crujir de dientes, como hace quince años, se prolonga demasiado. Tienen detrás a una nueva generación de burócratas y generales que preferiría una mejor perspectiva. 

 

Quizás… el mismo modelo chino, que alguna vez los Castro negociaron en secreto con Reagan. 

 

Remesas y cambios 

geopolíticos 

 

De todas las concesiones a Cuba que se anunciaron este miércoles, la más importante por su efecto inmediato será el incremento de las remesas que se podrán enviar a partir de ahora desde Estados Unidos a la isla. El límite se multiplicó por cuatro, de 500 dólares a 2.000 dólares, por familia y por trimestre. Las remesas norteamericanas suman 2,5 mil millones de dólares en la actualidad, y son, de lejos, la principal fuente de ingresos de la economía cubana. Bastaría con que se dupliquen para darle alivio a los desesperados cubanos, y un respiro político a su dictadura. 

 

¿Qué podemos esperar, a cambio de eso, al interior de la isla?

 

En el corto plazo, probablemente muy poco. Consideremos esto: Nixon llegó a Beijing en 1972. Las transformaciones económicas comenzaron a tener alguna significación recién una década más tarde, y cambios políticos en la dirección correcta, todavía no hay ninguno que importe. Cuarenta años después de aquella famosa reconciliación, China sigue siendo una dictadura totalitaria inamovible. La democracia, aunque nos pese, nunca llega de afuera: cada pueblo tiene que pelearla, desde adentro. 

 

Lo que sí podemos esperar, si el acuerdo se sostiene, son algunos cambios geopolíticos inmediatos importantes. Estos podrían ser: 

 

1. Moscú y Beijing quizás se tengan que olvidar de Cuba. Difícilmente volveremos a ver barcos rusos atracando en La Habana, o dirigentes chinos que llegan para firmar convenios multimillonarios. Este es el aspecto fundamental del acuerdo desde el punto de vista de los intereses de Estados Unidos, y si los Castro lo cumplen (porque los Castro no son garantía de nada), los ecuatorianos nos beneficiaremos, porque no será lo mismo para los dictadores chinos y rusos invertir su dinero en un proyecto regional, como han hecho hasta ahora, que en algunos países aislados. 

 

2. Al día siguiente de los acuerdos, Obama ratificó las sanciones que el Capitolio aprobó contra la cúpula chavista. Es poco probable que La Habana reaccione. Quizás ni siquiera intenten un “saludo a la bandera”, es decir una protesta puramente formal. Si este pronóstico también se llegase a cumplir, significaría que una vez más los Castro demostraron que no conocen la palabra “lealtad”. Son como las ratas, que saltan del barco que se hunde sin mirar atrás. De nuevo, Rafael Correa y sus compinches tendrán que tomar nota. 

 

3. Las FARC ya anunciaron un inmediato cese al fuego en Colombia. El mensaje es claro: Juan Manuel Santos podrá exigirles a los jefes guerrilleros condiciones más duras. Eso dependerá, claro está, de la firmeza de Santos, una cualidad que hasta ahora ha brillado por su ausencia cuando el presidente colombiano negocia con la izquierda. Pero si ocurre, eso también le dará fortaleza política a Santos en sus relaciones con Quito, y eso, en cambio, no nos beneficiará. No hemos olvidado todavía cuando Bogotá fumigaba nuestra frontera con glifosato, sin importarle la salud de nuestros campesinos; y asimismo, aunque nunca compartimos la postura infantil e irresponsable de Correa luego del bombardeo de Angostura, tampoco olvidamos que esa fue una vergonzosa violación a nuestro territorio. 

 

Las volteretas 

de Correa

 

- En octubre del año pasado, el Alba convocó a una reunión de emergencia para discutir la amenaza del virus del Ébola. Correa no concurrió.

 

- Hace dos semanas, el Alba realizó su reunión ordinaria. Correa tampoco asistió. Prefirió reunirse con Juan Manuel Santos, al que le brindó una atención inusual. 

 

- Una semana atrás, Nicolás Maduro denunció que lo habían intentado matar en Quito, y dijo que el gobierno del Ecuador conocía el nombre y la nacionalidad del asesino. Correa no confirmó ni negó la denuncia, la ignoró por completo. 

 

¿Podemos suponer, a partir de estos indicios, que el presidente del Ecuador ya sabía, antes del miércoles, que Cuba y Estados Unidos estaban a punto de alcanzar un acuerdo, y comenzó a tomar distancia del frente “antiimperialista”, preparando el terreno él también para nuevas alianzas? 

 

Podría ser, pero poco importaría si así fuese. 

 

El año 2014, se produjo en el Ecuador un fenómeno de extraordinario interés sociológico: por primera vez un presidente electo pierde estrepitosamente una elección (la del 23 de febrero, cuando se renovaron los gobiernos seccionales) y confronta gigantescas movilizaciones populares en calles y plazas (16 de julio, 17 de septiembre y 19 de noviembre) sin que se haya producido en realidad un deterioro significativo de las condiciones de vida de la población, por razones más bien políticas, motivadas sobre todo por el deterioro de la confianza en la palabra del primer mandatario, que no sostiene su discurso, que cambia de postura en cualquier instante, acostándose en la noche con una tesis para despertar a la mañana siguiente con otra, completamente distinta además. 

 

Si ahora Correa buscase su propia reconciliación con Occidente, abandonando él también el barco del “antiimperialismo”, deberá dar nuevas y más audaces volteretas ideológicas. Su travestismo político, que rayó algunas veces en lo ridículo, alcanzará ahora un nivel de paroxismo que planteará la posibilidad de que su credibilidad se derrumbe. 

 

Con un agravante: el Ecuador también es un país petrolero, así que el 2015 -como el propio presidente ya reconoció- será un año económicamente muy duro, difícil. 

 

Y travestismo con pan no es lo mismo que travestismo con hambre. Este último es peor. Despierta iras, provoca enojos. 

 

La caricatura circuló en Twitter. Representa muy bien la perspectiva geopolítica de Nicolás Maduro y Rafael Correa.

happy wheels

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