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Cumbre Iberoamericana

by • April 15, 2015 • ArtículosComments (0)2585

Obama dividió a la izquierda en Panamá Por Emilio Palacio

Ciudad de Panamá, 10 de abril del 2015: Rafael Correa, el invitado incómodo en la fiesta de Raúl Castro y Barack Obama.

Palacio copiaSE ESPERABA QUE EN LA SÉPTIMA CUMBRE DE LAS AMÉRICAS, LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA PUSIESE A BARACK OBAMA CONTRA LA PARED, pero lo que ocurrió fue que el presidente norteamericano partió a la izquierda por la mitad: de un lado, Raúl Castro, Dilma Rousseff y Tabaré Vázquez, negociando con Washington, y del otro, Rafael Correa y Nicolás Maduro, amarrados a un chavismo senil que ya no despierta el entusiasmo de nadie.

Correa podrá justificarse con el argumento de que no fue el único que creyó que Obama saldría mal parado de la Cumbre. El periodista Andrés Oppenheimer, por ejemplo, había vaticinado días antes: “las probabilidades de que Obama emerja como un ganador neto [de la Cumbre] parecen sombrías”.

Ninguno de los dos tomó en cuenta algunos acontecimientos extraordinarios que están sacudiendo a la región:

Para comenzar, el petróleo de América ya no le pertenece a Venezuela sino a los gringos. Estados Unidos se está convirtiendo en el mayor productor de crudo del planeta. De tal modo que a Venezuela el petróleo ya no le alcanza ni para comprar papel higiénico, mientras que a Estados Unidos el oro negro lo acompaña en su camino a convertirse de nuevo en la locomotora de la economía mundial.

Obama sabía todo esto y aprovechó la Cumbre para exponer con absoluta claridad los tres ejes de su nueva política para América Latina:

1. No puedo corregir la conducta de otros gobiernos norteamericanos en el pasado, pero a partir de ahora Estados Unidos se compromete a no intervenir mediante la fuerza en la región. Ustedes podrán hacer con sus países, políticamente, lo que quieran.

2. Les ofrecemos, en cambio, intervenir con inversiones en tecnología, producción y educación; tenemos los recursos, sólo depende de ustedes.

3. Eso sí, no me pidan que deje de promover los principios de la democracia liberal, porque lo seguiré haciendo, sin importar lo que ustedes opinen. Nuestro objetivo es que en muy corto plazo, la región -salvo contadas excepciones- avance en esa dirección, pero no disparando balas, sino dólares. Estamos convencidos de que pueden ser más potentes para nuestros propósitos. 

Dos izquierdas, dos proyectos

El problema para la izquierda latinoamericana es que esta agenda es perfecta para los hermanos Castro, pero completamente inadmisible para Nicolás Maduro, Rafael Correa o Evo Morales.

En Cuba -y sólo en Cuba- la izquierda pudo imponer su control absoluto sobre todos los resortes de la sociedad, de tal manera que las millonarias inversiones norteamericanas no tendrían el mismo efecto corrosivo sobre el régimen político -al menos en el corto o mediano plazo- que en Venezuela o Ecuador.

China es el espejo en que se mira La Habana: En 1972, Richard Nixon le propuso a Mao Zedong la misma agenda que ahora Obama le propone a la izquierda latinoamericana. Han pasado cuarenta años desde entonces y la dictadura de Beijing sigue intacta, inamovible, perfecta. Los negocios capitalistas brillan en Shanghai y Cantón, pero la democracia liberal ni siquiera comienza a despertarse.                                            

Venezuela, Ecuador o Bolivia, en cambio, son dictaduras pero no son regímenes totalitarios. Encarcelan a los disidentes, pero no han podido (como tampoco pudieron Rafael Videla o Augusto Pinochet) liquidar decenas de espacios públicos a través de los cuales la oposición -así sea con dificultades y arriesgando su vida- todavía puede manifestarse. Por eso, cederle a la estrategia de Obama, para estos gobiernos, sería un suicidio. Un sector privado de la economía, en crecimiento, que genere miles de empleos, le daría a la sociedad civil una excesiva fortaleza. No hay nada más peligroso para una tiranía que un trabajador privado con un salario que le permita conectarse a internet.

El desencuentro entre Castro y Correa en Panamá era inevitable por todas estas razones. Ambos hicieron lo imposible para disimularlo, pero de nada les sirvió.

¿Cómo reaccionará la izquierda ecuatoriana?

La pregunta ahora es cómo reaccionarán los dirigentes de la izquierda ecuatoriana a esta nueva estrategia.

Podrían vociferar que son todas mentiras del imperialismo, aferrarse al estatismo a ultranza y continuar con la “construcción del hombre nuevo”… para acabar tan aislados como Correa. Es la propuesta de los sectores que encabeza Alberto Acosta, cada vez más minoritarios.  

O podrían proponer su propia agenda de negociación. Algo así como: “Bienvenidas las inversiones extranjeras, pero no toquen el Yasuní”; o también: “Okey a un tratado de libre comercio, pero que no deje desprotegido al pequeño productor”.

En cualquier caso, la izquierda ecuatoriana tiene que apresurarse, porque Guillermo Lasso y Jaime Nebot -cada uno por su lado- ya se le adelantaron a Obama y hace rato le vienen proponiendo a la izquierda algún tipo de negociación.  

Lo que hay que recordar es que no todas las negociaciones deben ser impúdicas, como cree Dilma Rousseff; también hay negociaciones legítimas, como demostró Ricardo Lagos (que negoció con éxito los tratados de libre comercio de Chile con Estados Unidos, Canadá y China); pero encontrar el matiz que las separa, no es tan sencillo como parece.

La pregunta ahora es cómo reaccionarán los dirigentes de la izquierda ecuatoriana a esta nueva estrategia; y deben apresurarse, porque Guillermo Lasso y Jaime Nebot -cada uno por su lado- ya se le adelantaron a Obama y hace rato le vienen proponiendo a la izquierda algún tipo de negociación.

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