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Edecanes

by • April 1, 2016 • ArtículosComments (0)1416

¿Por que Correa le perdió cariño a los edecanes? Emilio Palacio

¿Por que Correa le perdió cariño a los edecanes? Emilio Palacio

El paquetazo de ayer confirmó, una vez más, que Rafael Correa está dispuesto a dinamitar la economía del país, en su afán desesperado de sobrevivir políticamente hasta mayo del 2017, para más adelante “demostrar” que su gobierno fue mejor que el del próximo presidente, que por supuesto, él ya lo sabe, no será de Alianza País. 

Pero Correa no está destruyendo sólo la economía. Antes liquidó las instituciones políticas democráticas, el congreso y la función judicial; y quiso reventar además las fuerzas armadas profesionales.

Hace un par de días anunció que ya no contará con edecanes militares. Dijo que los presidentes modernos no los tienen, y que la palabra edecán se originó en la “época napoleónica, del siglo XIX, para la guerra”. Concluyó después: “Miren si Obama tiene un edecán… Con pena tengo que decirlo, pero normalmente en las reuniones internacionales, los que tenemos edecanes son los africanos y los latinoamericanos”. 

Aclaremos los tantos. El aide-de-camp (“ayudante de campo” en francés) no es un invento napoleónico. Los asistentes militares existen desde que se organizaron los ejércitos permanentes, o sea desde Alejandro el Grande al menos. Lo que hizo Napoleón fue quitarles la función de sirvientes del oficial de turno (que se la habían dado los reyes europeos), para otorgarles un carácter profesional. Bonaparte ganó tantas batallas, precisamente, porque a diferencia de los oficiales monárquicos, que iban a la guerra con valet, vajilla de té y cocinero personal (como viaja Correa cuando visita los cantones más pobres), se despojó de algunos de esos lujos para ganar en velocidad de movimiento de la tropa y poder adelantarse a sus enemigos en el campo de batalla. Sus edecanes dejaron de ser mayordomos para transformarse en oficiales de nivel académico. 

En casi todos los países modernos ocurrió lo mismo. Los asistentes militares de Barack Obama, por ejemplo (que sí los tiene, y no uno, sino varios, aunque Correa lo ignore), tienen a su cargo tareas importantes, como el ceremonial de la presidencia o el mando y control de ciertas misiones militares críticas. Forman parte de la Oficina Militar de la Casa Blanca, encargada del transporte terrestre y aéreo del primer mandatario, de las comunicaciones presidenciales, de la atención en emergencias de salud y del manejo y control de Camp David (su residencia de descanso).  

Pero en algunos países, sobre todo en África y América Latina, a los edecanes los obligaron a seguir vistiendo uniformes del siglo XVIII y a permanecer de pie, detrás del caudillo de turno, pasándole los papeles y el vaso de Coca-Cola.

Esos han sido los edecanes de Correa, que disfruta como nadie del boato. ¿Acaso no lo hemos visto recubierto por una parnafernalia de lanceros, uniformados a caballo y Granaderos de Tarqui, como nunca antes se vio? ¿Acaso no desfila sobre un Hummer, protegido por un pelotón de guardaespaldas y seguido por jinetes, motociclistas y admiradores? ¿Acaso no habla en esas ocasiones en primera persona del plural, como el papa? Es un descaro que ahora venga a decirnos que toda esa pompa le da “vergüenza”. 

Los verdaderos motivos de Correa son otros. Tienen que ver con el modo en que ha tratado a las fuerzas armadas desde que los generales se negaron a acompañarlo, por dos ocasiones, en la declaración del estado de emergencia, y comenzaron a tomar distancia de su maquinaria totalitaria. 

Correa, enfurecido, se propuso entonces quebrarle el espinazo a las fuerzas armadas (como hizo con la policía nacional luego del 30 s), fragmentándolas, restándoles autonomía, removiendo a sus principales mandos, insultando a sus oficiales, despojándolas de recursos económicos, metiéndole la mano al ISSFA y, más recientemente, llevando al ministerio de Defensa a un mal cantante que odia los uniformes y que le abrió las puertas de la Cancillería al narcotráfico. 

Quiso también crear un cuerpo paramilitar (como las Camisas Pardas y las SS de Hitler) con los Latin King y los Ñetas como materia prima. 

Ambos intentos fracasaron. No pudo desarticular a la institución militar, que se ha mantenido unida, defendiendo sus intereses (aun con limitaciones y cobardías), ni pudo armar un cuerpo paramilitar, porque los pandilleros se emborrachaban y se drogaban la noche anterior a los entrenamientos. 

Así que ahora Correa tiene miedo de que algún oficial descontento le pegue un tiro o lo secuestre, como ocurrió con León Febres-Cordero en 1987, y por eso ya no quiere edecanes-mayordomos militares sino mayordomos-edecanes civiles, de los cuales no sólo seguirá recibiendo el trato debido a un emperador, sino que le servirán además como arranque para su propia guardia personal de guardaespaldas, que después lo seguirá a su retiro en Bélgica (donde lo acompañará su miedo-pánico a la venganza), bien entrenados y puestos a prueba, en estos meses que faltan, con dineros del estado.

 

Edecanes

 

 

https://www.emiliopalacio.com/1-de-abril-del-2016.–por-qu–correa-le-perdi–el-cari-o-a-los-edecanes-.html

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