MENU
Candidotes

by • November 27, 2015 • ArtículosComments (0)963

¿Por qué esta vez sólo uno es candidato y hace campaña? Por Emilio Palacio

Candidatos de la oposición en la papeleta electoral presidencial del 2013. Dos años antes de la campaña anterior, ya había un exceso de candidatos. ¿Por qué esta vez sólo Guillermo Laso se ha postulado? ¿Le perdió la oposición el interés a la presidencia?

Palacio copiaCada cierto tiempo me llaman o me visitan de Ecuador para convencerme de que “el único que le puede ganar” a la dictadura en las próximas elecciones es Fulano o Mengano. Escucho todas esas explicaciones con mucho interés, pero últimamente me ha dado por replicar: “Pero oiga, para ganar una elección hay que ser candidato, y hay que hacer campaña. Si Fulano, o Mengano, o Perencejo son tan buenos candidatos, ¿por qué no se postularon todavía? ¿No será que no están convencidos ni ellos mismos?

Dos años antes de la campaña del 2013, ya teníamos cuatro candidatos importantes de oposición: Guillermo Laso, Lucio Gutiérrez, Álvaro Noboa y Alberto Acosta. Al poco tiempo se incorporaron dos o tres más, y otro tanto se quedó en el camino. Hoy falta menos de un año y medio para los comicios del 2017 y el único candidato seguro es Laso. Ni siquiera Correa se decide, asustado como está de la crisis económica y de su bronca con los militares.

¿Por qué ocurre así? ¿Por qué todos los dirigentes políticos de oposición insisten en que a la dictadura no hay que derrotarla ahora, el 2015 (como sostenemos algunos), sino el 2017, pero al mismo tiempo casi ninguno se postula para dar esa pelea que tanto pregonan en las urnas?

Algunos lo habrán hecho, me imagino, por sanos motivos: Han llegado a la conclusión de que aún no es su hora, o simplemente no van a participar más.

Pero hay otros con razones menos valederas.

Me refiero, por ejemplo, a los que se fijan demasiado en las encuestas. Los números simplemente no les dan, así que no se animan y posponen su decisión, aguardando un mejor momento, más adelante, ni ellos mismos saben cuándo.

Lo malo es que con eso, como el perro del hortelano, ni comen ni dejan comer. Cuando se postulen, será demasiado tarde. Habrán perdido un tiempo valiosísimo para hacer campaña, pero tampoco habrán dejado que se fortalezca el que sí se decidió con tiempo. Así, el único que habrá ganado será el enemigo.

Antes no era así. Jaime Roldós y León Febres-Cordero eran rivales irreconciliables pero, es curioso, compartieron este rasgo en común: cuando hicieron el anuncio de que lucharían por el poder, las encuestas no los favorecían. Si hubiesen basado su decisión en encuestas, quizás ni siquiera lo hubiesen intentado. Pero era otra generación de políticos, que no tomaba sus decisiones de acuerdo a la dirección del viento, sino a sus convicciones, buenas o malas. Ellos se postularon, arriesgaron plata y pellejo, dieron la pelea voto a voto, y convencieron al electorado. Sólo así llega un estadista al poder.

Hoy tenemos otra generación, que no siempre cree en la fuerza de sus propias propuestas sino, en algunos casos, en el marketing electoral, de tal modo que dicen lo que hay que decir, saludan al que hay que saludar y bronquean cuando hay que bronquear… según les ordenan los encuestadores.

Así también se puede ganar una elección, pero no será un estadista el que llegue al poder sino una veleta, manejada por el viento.

Hay un segundo motivo, que se mezcla con el anterior. Algunos políticos ya se dieron cuenta -hace rato- que a veces, cuando hay crisis, el mejor negocio no es ser presidente sino accionista-propietario del poder. Para eso la clave es controlar una buena cuota del congreso (ahora Asamblea Nacional), de las cortes o del tribunal electoral.

Que gobierne otro, no importa, siempre y cuando, vapuleado por la crisis, no tenga demasiada fuerza, para que tenga que pactar con los accionistas-propietarios.

Tengo la sospecha de que más de uno cree ahora que puede reeditar ese modelo que ya existió en el pasado. (Le llamaban “partidocracia”, ¿recuerdan?). Saben que la bancarrota económica, el descontento social y el malestar en las fuerzas armadas pondrá al próximo presidente en gravísimos aprietos. Ni siquiera Correa será el mismo Correa si continúa en el poder. Entonces razonan: “Dejemos que gobierne un Correa debilitado, o un Laso con un congreso en contra: igual tendrán que pactar con nosotros, si tenemos fuerza en la Asamblea”.

Para encubrir su maniobra, acabarán apoyando a algún candidato a la presidencia. En algunos casos irán con candidato propio, pero no para ganar sino para que arrastre votos para sus listas de asambleístas. Espero que esa no sea la intención de un sector de la izquierda, que ha puesto a consideración nombres muy respetables pero que en ningún escenario podrían vencer. No importa, podrían pensar algunos que, en realidad, no quieren arrebatarle la presidencia a la dictadura. Lo que quieren son acciones-curules para cogobernar desde la Asamblea.

Otros apoyarán al candidato de la oposición con más oportunidades, quizás al mismo Laso, para que no los acusen de “chimbadores”. Pero sólo en el último minuto, de tal modo que no llegue al poder con demasiados votos y se vea obligado a cogobernar con ellos.

Parece increíble que algunos de nuestros dirigentes políticos (no todos, afortunadamente) hayan caído tan bajo. Pero fue precisamente porque nos hundimos en esa podredumbre que pudo emerger un Rafael Correa. El país estaba tan cansado de maniobras así, que creyó en un demagogo barato que se convirtió en dictador. El peligro es que ahora, que nos cansamos del demagogo, volvamos a la misma podredumbre, sin aprovechar esta mala experiencia para comenzar algo nuevo.

Originalmente publicado en https://www.emiliopalacio.com/26-nov-2015.html

happy wheels

Related Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>