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Quinsaloma

by • September 25, 2014 • ArtículosComments (4)8738

Las dos masacres de Quinsaloma Por Emilio Palacio

Palacio copiaEl fuego fue la marca distintiva de dos asesinatos distintos pero vinculados entre sí en Quinsaloma, provincia de Los Ríos. La policía sólo investigó uno de los siniestros, porque así convenía para perseguir al asambleísta de oposición Galo Lara. En la foto, una de las dos vivienda destruidas, la de Carlos Llanos y su familia. Foto: Diario El Universo..

MUY POCOS ECUATORIANOS SABEN QUE NO HUBO UNA SOLA MASACRE EN QUINSALOMA SINO DOS, EN DOS LUGARES DISTINTOS, aunque cercanos entre sí. Yo mismo no me enteré sino hace muy poco.  Un día le dije a Galo Lara por teléfono: “Mire, Galo, yo lo he defendido a usted porque es un perseguido político de la dictadura ecuatoriana, pero usted no le ha contado al país lo que ocurrió en realidad en Quinsaloma”.

 

“Cuando quiera se lo cuento”, me contestó.

 

Cuando se instaló finalmente el juicio de primera instancia, ninguno de los tres detenidos por la segunda masacre de Quinsaloma mantuvo su acusación inicial contra Carolina Llanos y Lara. 
Uno de ellos aseguró que la policía le ofreció 20.000 dólares para que los acuse. 
“Se pretendía buscar a un dizque tonto útil, de condición humilde, casi iletrado, para saciar intereses mezquinos y miserables. Que con dinero no se compra ni se vende mi conciencia”, dijo.

 

Demoró en cumplir su promesa. Prisionero él en Panamá y asilado yo en Miami, no tuvimos oportunidad ambos de tocar el tema.

 

Hasta que finalmente, hace unas semanas, me envió una montaña de documentos, y luego, en una larga conversación, completó los detalles.

 

Lo que sigue, entonces, es la versión de Galo Lara de lo que ocurrió en Quinsaloma a fines del año 2011, tal como él me lo contó. Algún día, un tribunal independiente revisará esta información y nos dirá la verdad.

 

Pueblo pequeño,

infierno grande

 

Quinsaloma es un cantón rural de la provincia de Los Ríos, de 15.000 habitantes, a tres horas de Guayaquil. Sus habitantes se conocen bien entre sí. Muchos son parientes, primos, tíos, sobrinos.

 

Digamos algo más: es un cantón violento. Los asesinos y los asesinatos no son extraños en ese entorno.

 

El primer crimen horrendo en Quinsaloma se produjo el domingo 6 de junio del 2011. Ese día, Darwin Abel Romero Pino, de 25 años, campesino y peluquero, permaneció toda la tarde con su padre, acompañándolo. En la noche, se despidió y se dirigió a su casa, en el recinto La Fortuna, donde vivía solo.

 

No se sabe bien a qué horas apareció por allí Carlos Humberto Llanos Avendaño, de 37 años, pero hay indicios de que ingresó a la vivienda, sometió a Romero, lo amarró y lo envolvió en un colchón. Luego le prendió fuego y dejó que se calcine.

 

Al día siguiente, cuando llegaron sus familiares (una tía y un primo), un fuerte olor a carne quemada inundaba el lugar.

 

Nadie sabe por qué mataron con tanta crueldad a Darwin Romero. Sólo se han tejido especulaciones: Llanos tenía fama de sicario. Mucha gente dice que mataba por dinero. ¿Quizás lo contrataron para que ejecute un crimen pasional?

 

En todo caso, en los días siguientes corrió el rumor de que él era el asesino.

 

A pesar de las habladurías, la policía no hizo nada. Un manto de olvido cubrió casi de inmediato ese primer crimen de Quinsaloma.

 

Hubo una persona que no olvidó, sin embargo: Kleber Ebered Romero Barragán, primo del peluquero, un hombre con antecedentes penales por asesinato y asociación ilícita.

 

Romero buscó a Alfredo Guaray Vargas, de 21 años, que también tiene antecedentes, entre otros delitos por transportar sustancias ilegales. Hay quien asegura que le entregó 350 dólares para que asesine a Llanos como venganza por el asesinato de su primo. Al parecer, le habría pedido que le haga lo mismo, es decir, que lo mate con crueldad y lo queme. El fuego sería la marca distintiva de ambas masacres.

 

Guaray Vargas buscó ayuda. El jueves 4 de agosto se reunió a las 15h:30 en la cancha deportiva del cantón Quinsaloma con Juan Fernando Rodríguez Lavayen, de 23 años, José Manuel Véliz Sánchez (alias Malaria), de 20 años, y Edgar Martínez (alias el Gringo) para planificar el crimen.

 

Esa misma noche los cuatro ingresaron a la casa de Llanos, asegura la policía. Forcejearon y lo sometieron. Delante suyo y de su pequeño hijo, de tres años, violaron a su conviviente, Silvia Alexandra Parco Valverde, de 27 años. Luego los asesinaron a los tres, arrojaron los cuerpos en la ribera del aledaño río Umbe, y siguiendo sus instrucciones, incendiaron la construcción de madera.

 

A las 20h30, alguien llamó a la señora Clemencia Avendaño, madre de Carlos Llanos, para avisarle que la vivienda de su hijo ardía. Cuando llegó, encontró la finca en escombros. La policía halló el cuerpo sin vida de Llanos a media noche, con 18 machetazos en el cuerpo y la cabeza. Al amanecer del día siguiente, encontraron a Silvia Parco, con heridas de 6 machetazos, y a su hijito, con un corte profundo en el cuello, que casi lo decapita.

 

El médico forense determinó luego que esa herida no se la hicieron al niño con machete sino con un cuchillo curvo que se utiliza para cortar racimos de banano.

 

La fiscal de Los Ríos inició sus investigaciones. Corroboró que Carlos Llanos era un hombre violento. Tenía antecedentes por asesinato y tentativa de asesinato. Su conviviente permanecía a su lado, aterrorizada, desde los 15 años de edad. Trabajaba como empleada doméstica para sus padres cuando él la hizo su mujer.

 

Su suegra, Libia Luzmila Parco Valverde, le contó a la fiscal que Llanos constantemente amenazaba a su hija. Le dijo que mataría a su familia si lo abandonaba.

 

Uno de sus primos, Kleber Llanos Garofalo, añadió que en una ocasión Llanos le disparó porque alguien le dijo que había estado con su esposa. Afortunadamente pudo desmentir esa versión y calmar a Llanos.

 

La propia madre de Llanos, Clemencia Olga Avendaño Delgado, le dijo en una primera declaración a la fiscal que un policía amigo (del que sólo dijo que se llamaba Kléber) le había contado semanas atrás que a su hijo lo acusaban por la muerte del peluquero Darwin Romero, insinuando que quizás ese podría ser el móvil del crimen.

 

Muy pronto, llegó a oídos de la fiscal el nombre de Carlos Guaray como posible cabecilla del crimen que investigaba. Lo citó para que declare. Él negó su participación. Aseveró que ese día había viajado a Ibarra.

 

La fiscal, extrañamente, le permitió que se marche.

 

El affaire del asambleísta

 

Para entonces, la fiscal se había enterado también de que Carlos Llanos en su juventud -15 años atrás, para ser exactos- tuvo amores con Geomar Carolina Llanos Romero, su prima hermana. Procrearon una niña que hoy es una adolescente. La relación no continuó y cada cual tomó su camino.

 

El 2008, Carolina Llanos, convertida en una  mujer atractiva, conoció a Galo Lara, cuando el entonces candidato a asambleísta visitó Quinsaloma durante su gira electoral. Lara estaba casado pero iniciaron una relación. Lara le alquiló un departamento y la proveyó de dinero y comodidades. Varias veces la llevó de paseo al extranjero.

 

El hogar de los padres de Carolina está situada al frente de la casa de Carlos Llanos. Lara se encontró con ella varias veces allí. Nunca nadie reportó algún altercado o incidente.

 

A comienzos del 2011, Carolina quedó embarazada. El médico le anunció que tendría mellizos. Lara es creyente y ni siquiera pensó en un aborto. Reconocería a sus hijos y respondería por ellos.

 

En agosto, cuando se cometió el segundo crimen de Quinsaloma, Carolina estaba a punto de dar a luz, ocupada en los preparativos del parto. Lara ordenó una transferencia por una fuerte suma de dinero para cubrir los gastos del alumbramiento. Los mellizos nacieron el 6 de agosto, dos días después de la masacre. Lara los fue a ver. El asambleísta le entregó entonces un celular, registrado a su nombre, para que se mantuviesen en contacto.

 

Ella ya conocía del crimen, pero no le contó nada. No creyó que valiese la pena.

 

El 22 de diciembre, la policía capturó a Édgar Eduardo Martínez Franco y José Manuel Véliz Sánchez. El tercer implicado, Juan Fernando Rodríguez Lavayen, cayó el 25 de enero. A Guaray, que dirigió la segunda masacre, nunca se lo volvió a ver. La policía identificó a los cuatro como autores materiales de Carlos Llanos y su familia.

 

Lara asegura que la policía entonces presionó a los tres detenidos para que acusen a Carolina Llanos. Ellos se resistieron. Dos policías pusieron una cámara delante de Véliz, amenazándolo con un desarmador, para que declare lo que le exigían. Alguien subió luego ese video a Youtube.

 

La madre de Carlos Llanos, asimismo, acudió de nuevo ante la fiscal para añadir detalles que antes no había mencionado: dijo que Carolina hostigaba a su hijo y que intentaba volver con él, quince años después de haberse separado. Mencionó  varios supuestos altercados entre Llanos y Lara.

 

Se monta la persecución

 

La fiscal solicitó entonces una orden de captura para Carolina Llanos. Dos carros del Ministerio de Gobierno se apostaron cerca de su vivienda. Ella los alcanzó a ver y recién entonces le contó todo a Lara. El asambleísta no le pidió que se esconda. Todo lo contrario, le aconsejó que se acerque por su propia voluntad donde la fiscal de Quinsaloma. Así lo hizo. La fiscal la recibió pero le dijo que no le tomaría declaración ya que ella no era parte del proceso.

 

A los pocos días, sin embargo, mientras caminaba por un centro comercial, la detuvieron. Ella intentó tragarse el chip del celular que le había regalado Lara para que el gobierno no pudiese vincularla con el asambleísta, un hombre casado, y evitarle así el escándalo en los medios. La policía se lo impidió.

 

Una vez tras las rejas, varios policías le exigieron a Carolina que acuse a Lara. Ella se negó. Todo el tiempo mantuvo su inocencia y la del asambleísta. Para doblegarla, le dieron una paliza. Se supo entonces que estaba de nuevo embarazada. Los golpes le provocaron un aborto.

 

Catorce cadenas nacionales difundió el gobierno, hasta que se realizó el juicio, para demostrar que Galo Lara era culpable.

 

La acusación se derrumba 

 

Cuando se instaló el juicio de primera instancia, ninguno de los tres detenidos por la segunda masacre de Quinsaloma mantuvo su acusación inicial contra Carolina Llanos y Lara. Uno de ellos aseguró que la policía le ofreció 20.000 dólares para que los acuse. “Se pretendía buscar a un dizque tonto útil, de condición humilde, casi iletrado, para saciar intereses mezquinos y miserables; que con dinero no se compra ni se vende mi conciencia”, dijo.

 

La fiscalía presentó pruebas de las varias transferencias de dinero de Lara a Carolina Llanos, incluida la que realizó para cubrir los gastos del alumbramiento. Él no lo negó. Dijo que de ese modo había cumplido con su obligación como hombre y como padre.

 

Mostraron también el teléfono que Carolina Llanos llevaba el día que la detuvieron y el informe de las llamadas que ambos cruzaron. Similar respuesta: un teléfono para comunicarse es indispensable cuando hay hijos de por medio, argumentó el asambleísta.

 

Apareció entonces una nueva evidencia: la policía aseguró que en el domicilio de uno de los acusados se encontró un papel con el teléfono de Lara. Pero el perito que analizó la prueba no pudo identificar quién escribió ese número, ni se atrevió a descartar que fuese una prueba forjada.

 

Medio centenar de testigos rindieron su versión. Ninguno acusó a Carolina Llanos o Galo Lara.

 

Uno de los tres implicados, Juan Fernando Rodríguez, señaló en cambio a Kléber Romero como el verdadero autor intelectual de la segunda masacre. Aun así la fiscal se negó a acusarlo porque ese día Romero había viajado fuera de Los Ríos. 

 

La fiscal nunca se preguntó por qué Carolina Llanos esperó quince años para recién entonces descargar sus supuestos celos sobre el padre de uno de sus hijos, y por qué lo hizo además a tan pocas horas de dar a luz. Tampoco le llamó la atención que una mujer joven ordenase quemar una vivienda tan cercana a la de sus padres, con todos los riesgos que eso implicaría. Menos aún explicó por qué Galo Lara querría matar con saña a un niño de tres años que nada tenía que ver con Carolina Llanos y con él, o por qué ordenaría que violen y acaben con la vida de la conviviente atormentada de su supuesto rival.


En agosto del 2011, Lara se hallaba envuelto, hacía bastante tiempo, en una feroz pelea política. ¿Era lógico suponer que planificase una masacre espantosa que atraería tanta atención?

 

Considerando todas esas evidencias, la corte declaró inocente a Galo Lara en primera instancia.

 

El asambleísta creyó que su pesadilla había terminado. No imaginó siquiera lo que le esperaba. 

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4 Responses to Las dos masacres de Quinsaloma Por Emilio Palacio

  1. Fercant says:

    Aquí en este embrollo tiene mucho que ver el gobierno

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