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by • July 21, 2014 • ArtículosComments (0)3448

¿Romperán los empresarios ecuatorianos con la dictadura? Por Emilio Palacio

Palacio copiaVLADIMIR LENIN, UN EXPERTO EN REVOLUCIONES, escribió alguna vez que “existe una situación revolucionaria cuando los de abajo ya no quieren seguir viviendo como antes y los de arriba ya no pueden seguir viviendo como hasta entonces”. 
Un estudio de Paolo Moncagatta, de febrero del 2013, reveló que los sectores de la población con estudios superiores y mayor riqueza en Ecuador eran en ese momento tan propensos a votar por Correa (y en algunos casos, incluso un poco más) que aquellos que sólo habían cursado la primaria o eran muy pobres.

En el Ecuador no existe, todavía, una situación revolucionaria como la descrita por Lenin; pero esta semana se produjeron dos acontecimientos políticos que de alguna manera habrían llamado la atención del revolucionario ruso: El jueves, un número importante de trabajadores marchó por las calles de Quito, Guayaquil y Cuenca, desafiando la presencia policial, para protestar contra las reformas políticas de la dictadura; y el lunes, todas las cámaras de la producción publicaron un Manifiesto a la Opinión Pública, expresando su preocupación por el proyecto de Código Monetario.

Obreros y empresarios, tantas veces separados por ideologías e intereses distintos, parecieron coincidir por primera vez en su distanciamiento del régimen.

 

El gobierno minimizó la demostración de los sindicalistas con el argumento de que no fue una protesta masiva, lo cual definitivamente es cierto. Pero así han comenzado siempre las grandes acciones de masas contra los regímenes fuertes, primero se vuelcan las vanguardias; luego, paulatinamente, se suma el resto.

La pregunta es si existe el caldo de cultivo para que la protesta se generalice, o si son vanguardias que marchan en contravía de la realidad social.

 

Parece que los de abajo “ya no quieren”

 

Las elecciones del 23 de febrero fueron el primer anuncio de que algo está ocurriendo entre “los de abajo” en Ecuador. Las encuestas vaticinaban el triunfo de la dictadura, pero se produjo una catástrofe electoral, al punto que hubo que ponerle nombre: “Restauración conservadora”, lo llamó Rafael Correa. Se produjo un quiebre, una fractura en el dique. Podemos discutir si pequeña o grande, pero la fractura sin duda está allí.

 

Así lo corroboraron varios fenómenos que vinieron a continuación: la recolección de firmas del movimiento Yasunidos; el desfile del Primero de Mayo; la marcha indígena; la huelga de hambre de los ex trabajadores del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social.

 

Martes, 3 de junio, 10:30 am: El primer mandatario visita el sector Socio Vivienda 2, al Norte de Guayaquil. Decenas de pobladores se acercan para reclamarle airados por la falta de agua potable, buses y centros de salud. Policías y soldados los detienen. Correa opta por embarcarse en su vehículo y alejarse. Le da órdenes a la asambleísta María Alejandra Vicuña de que dé la cara y registre las quejas. (La noticia completa en El Universo, aquí).

 

¿Pero qué pasa con “los de arriba”?

 

Un estudio de Paolo Moncagatta, de febrero del 2013, reveló que los sectores de la población con estudios superiores y mayor riqueza en Ecuador eran en ese momento tan propensos a votar por Correa (y en algunos casos, incluso un poco más) que aquellos que sólo habían cursado la primaria o eran muy pobres.

 

En Bolivia, Argentina, Venezuela o Bolivia, donde se hicieron investigaciones similares, sí existe una notable diferencia social en el voto por los gobiernos populistas autoritarios. En Ecuador, no. 

 

El gobierno de Correa siempre contó con el apoyo de un sector importante de empresarios. Constructores, cadenas de supermercados, clínicas privadas, importadores y ensambladores de vehículos, camaroneros, estudios jurídicos, agencias de publicidad, se han sabido colocar muy hábilmente, en estos siete años, a la vera de la prosperidad correísta.

 

No fueron todos; banqueros y empresarios de la comunicación no se sintieron nunca a gusto con este gobierno, pero jamás fueron mayoría.

 

Entonces llegó “el año difícil”. De pronto, el dinero del estado ya no alcanza para mantener en funcionamiento el aparato productivo. Estos días, las clínicas privadas se quejaron de que el estado no les paga. El constructor del puente a la Isla Santay dijo que el gobierno no le entrega su dinero. Casi al mismo tiempo se descubrieron los planes para poner fin a la dolarización y asumir el control del crédito bancario. El fantasma de un nuevo congelamiento bancario le movió el piso a muchos empresarios. ¿De qué te servirá un contrato con el estado si en cualquier momento los dólares en tus cuentas bancarias podrían esfumarse?

 

El Manifiesto de las cámaras fue el síntoma más visible de esa preocupación.

 

La ruptura aún no es definitiva

 

La ruptura de los empresarios, sin embargo, todavía no es definitiva. Hay sectores que se resisten a abandonar el barco de la prosperidad estatal. Este viernes, el presidente de la Asociación de Industriales Textiles del Ecuador, Javier Díaz, aplaudió al Comité de Comercio Exterior por la nueva tasa de 42 dólares que la dictadura le impuso a las compras de mercaderías por Internet. ¿Qué le importa al señor Díaz que el gobierno destruya al diario Hoy si, al mismo tiempo, mejora las cifras de venta de algunos fabricantes de telas?

 

La firma del acuerdo comercial con la Unión Europea podría agravar la confusión. En lugar de reconocer que se trata de un reacomodo táctico de Correa, empujado por el fantasma de la crisis económica, algunos podrían interpretarlo como un cambio definitivo en la dirección correcta. Grave error. Correa no cree en el libre comercio, no busca un acercamiento genuino con las democracias occidentales. Su estrategia es acordar una alianza con las grandes potencias totalitarias, aunque para eso esté dispuesto a algunos desvíos momentáneos.

 

Su intervención esta semana en la reunión de los Brics en Brasil fue todo un manifiesto que cada empresario debería escuchar con atención.
 
(Haga clic sobre la imagen para ver el video). 
Fortaleza, Brasil, 16 de julio del 2014: Rafael Correa en la VI Cumbre de los BRICS.
Brasilia, 16 de julio del 2014: Rafael Correa en la VI Cumbre de los BRICS.

Los de abajo y los de arriba deben confluir

 

Si Lenin estaba en lo cierto, la vanguardia de “los de abajo” que en Ecuador ya comenzó a pelear contra la dictadura, sólo podrá contagiar con su descontento a las grandes mayorías, arrastrándolas a las calles, si la quiebra de “los de arriba” con el gobierno se profundiza.

 

Sólo así, vinculando ambos procesos, se generarán las condiciones para una “situación revolucionaria” que mine las bases del poder de la dictadura.

 

Hasta tanto, la tarea será seguir convencido, a unos y otros, de la necesidad de confluir hacia ese cauce común.

Javier Diaz, Director Ejecutivo de la Asociación de Industriales Textiles del Ecuador, representa a un sector de empresarios que reconoce haberse beneficiado con el correísmo. Foto: Revista Líderes.
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