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lasso

by • March 16, 2014 • ArtículosComments (1)3406

Se busca, hombre o mujer, trabajo difícil, mala paga Por Emilio Palacio

Palacio copiaEscoja, por favor, la respuesta correcta:

La política es el arte de lo posible. 
La política es el arte de convertir en posible lo que parecía imposible. 
No se inquiete, no importa qué opción escogió, ambas respuestas son “correctas”, las dos funcionan en el mundo en que vivimos. Pero cada una nos dirá algo distinto de usted, y del país que usted desea para sus hijos y sus nietos. 
Desde hace algún tiempo, se ha venido extendiendo la idea de que el objetivo de la política es sólo llegar al poder. El primer paso -según esta metodología- es descubrir, mediante encuestas, cómo piensan los electores. Luego, hay que presentarse como el candidato que mejor se acomoda a esa manera de pensar. Y por último, ya con el poder en las manos, se debe gobernar de tal modo que permita mantenerse indefinidamente así, “con el sartén por el mango”, como se acostumbra decir. 
Rafael Correa llegó al poder de ese modo. Su olfato le reveló que el Ecuador estaba lleno de frustraciones por la crisis. Mediante encuestas, afinó esa percepción. Y entonces, levantó su propuesta: palo para los culpables de la crisis, que son los otros, los demás, los que no piensan ni actúan como nosotros. 
Hay muchos que acusan al actual mandatario del odio en el Ecuador. Pierden de vista que Correa no provocó ese odio. Sólo lo exacerbó. ¿Acaso olvidamos ya el día cuando centenares de ecuatorianos acudieron al cementerio de Machala, a patear el cadáver del notario José Cabrera, culpable de la bancarrota económica de miles de familias? Algunos le metieron el dedo en la cara al muerto, para estar seguros de que no se trataba de un muñeco. Correa por entonces era un completo desconocido. ¿Acaso no recordamos cuando centenares de forajidos le cayeron a golpes a Patricio Dávila, ex gerente de la AGD, ex diputado, símbolo de la corrupción y de la vieja partidocracia? Correa no despertó ese odio, simplemente lo canalizó, muy lejos de la Justicia (que hubiese sido la solución correcta) y muy cerca de la Venganza (un veneno con el que destruyó la poca democracia que nos quedaba). 
Hoy los escenarios han cambiado, pero el método para llegar al poder podría ser el mismo. Las últimas elecciones demostraron, después de siete años de ladratinas y persecución, que los ecuatorianos comienzan a cansarse del odio. Ahora quieren algo de paz y tolerancia. Pero (siempre hay un pero) todavía son muchos los que no están dispuestos a pagar el precio: no quieren arriesgarse, no quieren enfrentar al odio cara a cara, en las calles. Le temen. Se refugian en la comodidad del voto secreto en las urnas. 
Por eso hay tantos nuevos aspirantes al poder que no confrontan, no reclaman, no se defienden. Se acomodan a esa manera de pensar. 
Justifican su conducta con distintos argumentos, que se resumen en esta idea: “Las diferencias ideológicas no deberían impedir el diálogo civilizado”. 
Ocurre, sin embargo, que nuestras diferencias con Correa no son ideológicas. Robarle 600.000 dólares al Banco del Pichincha no es una diferencia ideológica. Encerrar en una mazmorra al coronel César Carrión, a los 10 de Luluncoto o a la profesora Mery Zamora, para sembrar el terror, no es una discrepancia filosófica. Ordenar que disparen contra un hospital, provocando así la muerte del policía Froilán Jiménez y muchos inocentes más, no es una polémica intelectual. 
Lo que nos separa de Correa no son ideas abstractas sino delitos. No peleamos contra un programa de gobierno sino contra un delincuente. 
Con alguien así no se puede brindar, ni sonreír ante la foto, ni conciliar. Sólo queda un camino, aunque no lo querramos, aunque no nos guste: luchar en las calles, como finalmente, después de tantos años, comprendieron los venezolanos. 
Así que sólo nos queda esperar que esta idea cale en algún dirigente, hombre o mujer, que esté dispuesto a no colocarse detrás del pueblo sino delante; que no siga a los más temerosos sino que nos convoque a ser valientes, que nos infunda valor. 
Podrían aprender de una mujer. Se llamó Manuela Cañizárez. Ella no necesitó de ninguna encuesta para entender que nuestros antepasados, gente buena pero sencilla, estaban asustados, muy asustados. Así que un día reunió valor y les dijo: “Cobardes, hombres nacidos para la servidumbre, ¿de qué tenéis miedo? ¿Sabéis que no hay tiempo que perder?”. 
Y obró un milagro. Convirtió en posible lo que muchos creían imposible.
Manuela
Manuela Cañizárez. Si las encuestas hubiesen existido entonces, sus asesores le habrían sugerido que no haga oposición sino proposición.

lasso

Guillermo Lasso, Jaime Nebot, Mauricio Rodas. ¿Se convertirá alguno en líder de la oposición ecuatoriana?

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One Response to Se busca, hombre o mujer, trabajo difícil, mala paga Por Emilio Palacio

  1. Ana Calle says:

    Si señores, en los grandes paises no se candidatizan una decena de listas. Solamente dos listas, las mas fuertes son las que van a elegir y alli esta el exito. Permitir que califiquen mas partidos politicos, es hacer que crezca mas la corrupcion y tambien que saquen dinero por el solo hecho de participar en las elecciones . Basta de convertir el dia de elecciones en un juego del que solo desean sacar provecho las personas que no tienen conciencia ni les importa el futuro del pais . Es ideal la promocion del Abogado Jaime Nebot, si es que El desea seguir en la politica en compañia del Sr. Lasso . Si Ellos no aceptaran, tambien esta el Sr. Clever Navarrete y el Sr.Carlos Falquez Batallas, estas personas han demostrado su amor a la patria, junto a su seriedad , nobleza y trabajo constante para lograr el progreso de las provincias a los que han sido elegidos por sus compatriotas . Buena suerte en el proposito civico que conlleva a un pais 100% democratico a cumplir con la obligacion de elegir a su mandatario como reza la constitucion y el pueblo lo demande .

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