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by • October 30, 2015 • ArtículosComments (0)1459

Una caricatura de debate para justificar el palazo que nos viene Por Emilio Palacio

Palacio copiaEste miércoles, Rafael Correa invitó a un grupo de jóvenes universitarios a que presencien su “debate” con tres opositores (Mauricio Pozo, Ramiro González y Alberto Dahik) y aprendan cómo funciona la “democracia” en el Ecuador.

El presidente en persona -acompañado de dos ministros-marionetas-, quiso convencer a los jóvenes de que en esta nueva “democracia”, los que se apoderan del estado no tienen por qué exponer sus argumentos con educación, sino que pueden ridiculizar a su adversario, interrumpirlo, tomarse todo el tiempo para hablar, y manosear al “moderador”; y cuando eso ocurre, no debes reclamar sino resignarte, porque en esta nueva “democracia” el gorila que más grita hace lo que le da la gana, y todos debemos permitírselo.
¿Es un consuelo que, al menos esta vez, Correa no haya hecho gritar palabrotas a los estudiantes, como el 19 de mayo del 2007, cuando me expulsó del Palacio de Gobierno, en un debate parecido?

No estoy seguro. Incluso quizás esta vez podría ser peor. Porque ahora el “show-debate” no sólo sirvió para ese propósito maligno de corromper la moral cívica de nuestros jóvenes, sino que tuvo otra finalidad: Abrirle camino a un terrible paquetazo económico que se avecina.

Ocurrió casi al final, cuando ya muchos cambiaban de canal. Correa anunció un recorte de 10 mil millones de dólares para el próximo presupuesto fiscal (dentro de dos meses). Agregó que muy pronto los ecuatorianos que quieran comprar gasolina subsidiada no tendrán que cargar dólares en la billetera sino dinero electrónico en su celular, minando así aun más la dolarización. Y reconoció que sí busca un acuerdo con el FMI: “Si nos da crédito el Fondo Monetario, muchas gracias. ¿Condicionamientos? Jamás”.

(Cuando suspendió el pago de la deuda con el IESS, Correa también juró que no había “condicionamientos”. Ahora dirá que el FMI no le puso condiciones, y que él solito dictó medidas “contra los ricos”).

Algunos dicen que esta nueva receta se llama “neoliberalismo”. No es así. El neoliberalismo responde a una orientación definida. Lo de Correa es otra cosa, es un híbrido, un rejunte de ingredientes sin coherencia entre sí. Pero la receta correísta sí comparte con el neoliberalismo un rasgo esencial: También requiere de un paquetazo terrible, que lo pagará el pueblo. Habrá llanto y sufrimientos, pero sin ningún propósito, porque este paquetazo-Frankenstein, de partes arrejuntadas de modelos contrapuestos, no podrá arreglar la crisis sino que la agravará.

Dahik, Pozo y González, lamentablemente, no desenmascararon esa intención de Correa. Hasta cierto punto (para eso los invitaron) aparecieron empujándolo en esa dirección.

Eso no significa, por supuesto, que los tres mereciesen la actitud grosera con que Correa y sus muñecos ventrílocuos los trataron en el “debate”. A los tres se les debe respeto, no sólo por su talento (que lo demostraron de sobra) sino porque miles de ciudadanos se identifican con ellos y con las tesis que defienden. Vaya por eso para ellos mi más irrestricta solidaridad.

Pero podemos y debemos discrepar con Dahik, Pozo y González, porque cometieron un error: No fueron al debate a convencer al país de que estamos frente a un médico enloquecido que está matando al paciente, sino a pedirle a ese mismo médico disparatado que cambie su receta, como si eso fuese posible, mientras él se les reía en la cara.

Me refiero sobre todo a Dahik, que lleva meses, desde que volvió al Ecuador, insistiendo con lo mismo: “Negociemos con Correa, hagamos lo que haga falta para que cambie de actitud, no hay otra salida”.

Lo mismo intentaron los dirigentes de las cámaras de empresarios. Llevan años desayunando, almorzando y cenando con el dictador para pedirle que cambie de rumbo, que no despilfarre, y que elimine subsidios. ¿Cómo les contestó el dictador? Eliminó el subsidio a la gasolina súper (una medida aislada, que no solucionará ningún problema, pero que dañará el aparato productivo) y luego nos “explicó” que lo hacía porque los empresarios se lo habían pedido.

Con esa misma intención prepararon el circo del miércoles. Cuando el desempleo trepe a las nubes, Correa se justificará: “¿Acaso Dahik no me pidió ajustes?” De nada servirá la aclaración de que no le pidieron medidas aisladas sino un cambio de estrategia. El efecto mediático se habrá conseguido: “Pidieron ajuste, y ajuste les damos; no se quejen entonces”.

Ojalá que con esta experiencia, los que aún creen en negociar con una dictadura totalitaria abran los ojos y vuelquen su talento a fortalecer el único mensaje que sí entienden los dictadores: la lucha consecuente del pueblo en las calles.

Contido publicado originalmente en https://www.emiliopalacio.com/30-oct-2015.-una-caricatura-de-debate-para-justificar-el-palazo-que-se-viene.html

happy wheels

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