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Plaza Grande

by • July 5, 2015 • ArtículosComments (1)1466

Una marcha UNITARIA, en todas las ciudades, el mismo día Por Emilio Palacio

El 15 de junio, el gobierno convocó a sus seguidores a la Plaza Grande en la capital. Fue un fracaso absoluto. Esa noche, el régimen retiró su proyecto de nuevos impuestos. Desde entonces, la oposición no consigue nuevos triunfos, a pesar de que el gobierno tambalea. ¿Por qué?

Palacio copiaLlevamos un mes de protestas y hasta ahora la oposición sólo ha obtenido un triunfo parcial: el retiro momentáneo del garrotazo a la herencia familiar. Ya no es el miedo de la población ni el apoyo de los militares lo que explica la inmovilidad del régimen. La clave está en la división de la oposición, que no consigue (o no quiere) unir sus fuerzas. En esta entrega desmenuzamos los argumentos de los que no desean la unidad, y luego contamos los entretelones de una crisis que se está convirtiendo en la debacle del correísmo. 

Llevamos un mes de protestas y hasta ahora la oposición sólo ha obtenido un triunfo parcial: el retiro momentáneo del garrotazo a la herencia familiar. Ya no es el miedo de la población ni el apoyo de los militares lo que explica la inmovilidad del régimen. La clave está en la división de la oposición, que no consigue (o no quiere) unir sus fuerzas. En esta entrega desmenuzamos los argumentos de los que no desean la unidad, y luego contamos los entretelones de una crisis que se está convirtiendo en la debacle del correísmo. 

A RAFAEL CORREA YA NO LO SOSTIENEN LOS EMPRESARIOS, NI EL PUEBLO, NI LOS MILITARES, que por dos ocasiones le han dicho que no lo acompañarán en la aventura del Estado de Emergencia.

¿Por qué entonces, la dictadura puede mantener su curso, sin ceder un milímetro, a más de haber retirado momentáneamente sus proyectos de nuevos impuestos? Los gobiernos no son como las manzanas: no se caen ni ceden si nadie los obliga, y la oposición no lo consigue porque cada día se divide más. 

El jueves pasado no se convocó una marcha unitaria en Quito sino tres marchas distintas. 

En la marcha del Frente Unitario de los Trabajadores, junto al “Fuera Correa” se escuchó “Fuera Lasso y Nebot”.

¿”Fuera” de dónde, si ninguno de los dos está en el poder?

Se entiende que algunos sindicalistas no quieran a Lasso o Nebot, y tendría sentido que lo agitasen en las calles si estuviésemos en campaña electoral, pero no ahora, cuando interesa primero deshacernos de la dictadura.

“Es que los ricos se han beneficiado de este gobierno”, nos contestan. Lo que el país recuerda es que la izquierda participó de este gobierno, ocuparon altos cargos, le cayeron a golpes a los disidentes, y nadie tiene derecho por eso a excluirlos de la lucha. 

El jueves se reunieron, en Guayaquil, Jaime Nebot, Mauricio Rodas y Paul Carrasco para anunciar una nueva marcha, sin fecha, pero dejando de lado a todas las demás tendencias, de derecha o izquierda, como si ellos solos representasen a toda la oposición. 

¿Por qué no invitaron a Guillermo Lasso, Unidad Popular, Pachacutik, el FUT?

“No les hemos cerrado las puertas, pueden venir si desean”, contestan los voceros de este proyecto. Pero ellos deberían saber que uno no va donde no lo invitan; y si algún “metido” quisiese hacerlo, tampoco podría, porque nunca avisan dónde y cuándo se reunirán.

“Pero es que hay diferencias que nos separan”, también aseguran, olvidando que no se trata de conformar un frente ideológico o electoral sino de unirnos en torno a demandas mínimas, por las cuales lucharemos juntos. ¿Qué discrepancia ideológica podría impedir algo así? 

“Pero Lasso quiere ser candidato”. ¿Y qué? Lo que buscamos ahora no es la unidad electoral sino en las calles, para enfrentar al enemigo común? (Además, no seamos ingenuos, todos sabemos que Nebot, Rodas y Carrasco algún proyecto electoral se traen, y nadie les objeta que así lo hagan).

Para pararle la mano a Correa ya no alcanza con llenar las calles del país con marchas diferentes, cada uno por su lado. El gobierno nos presenta un solo frente de ataque y eso significa que necesitamos también un solo frente de oposición. 

Para eso se requiere dar tres pasos:

Primero, que se reúnan todos los dirigentes: Nebot, Lasso, Lourdes Tibán, Rodas, Mesias Tatamuez, Gutiérrez, Carrasco, Martha Roldós, Luis Villacís, y algunos otros. (Ya una vez, varios se subieron a la misma camioneta, y entonces no pusieron cara de asco).

Segundo, que se pongan de acuerdo en cinco o seis rectificaciones mínimas, las que consideren más urgentes, para recoger los intereses de cada sector. (Y para que esta vez la unidad no se convierta precisamente en una camioneta que nadie sabe a dónde va).

Tercero, que convoquen juntos a una sola marcha, el mismo día, a la misma hora, en todas las ciudades del país. ¿Se imaginan el impacto que tendría? Luego habría que continuar con otras acciones similares, en un proceso en ascenso, hasta doblarle el brazo al dictador.

Las marchas del 25 de junio en Quito y Guayaquil fueron las más numerosas hasta ahora, pero no añadieron nuevos triunfos al retiro momentáneo de los nuevos impuestos. Para entonces, la convocatoria ya no era unitaria y la división se había impuesto.

Crónica de un gobierno que se hunde y una oposición que se divide

El jueves 12 de junio varios generales le sugirieron al ministro de Defensa que el presidente de la república debería retirar sus proyectos de impuestos a la herencia y a la compra y venta de bienes inmuebles.

Ese día, 12 de junio, fue clave para el desarrollo de la crisis, no sólo porque las manifestaciones desbordaron las principales ciudades del país, sino que porpor primera vez varios grupos dejaron de lado sus diferencias y se sumaron al llamado de los ciudadanos autoconvocados. Guillermo Lasso, Martha Roldós, Mery Zamora, Chyntia Viteri, estuvieron en las calles, a la misma hora, en diferentes ciudades pero en el mismo bando.

A los militares los tenía inquietos, además, el hecho de que la falta de dinero hubiese dejado de ser un problema puramente fiscal para trasladarse definitivamente a la economía real. En abril y mayo –como reconocería luego el propio Correa- los depósitos de los bancos se redujeron en 600 millones de dólares. El desempleo crece, las compras y ventas están paralizadas, la producción se estanca. (Días atrás la dictadura aprobó una resolución que le permitirá pagarle con papeles a los contratistas del estado, un paso más hacia la quiebra de la dolarización). 

El gobierno prevé para este año un raquítico crecimiento del 1,9% en el PIB, inferior al ritmo con que aumenta la población. Aun así, el experto Walter Spurrier considera que “difícilmente” se alcanzará esa meta.

Fernando Cordero le contestó a los generales que la propuesta de retirar los proyectos de impuestos deberían hacérsela al propio presidente.

Correa, de visita en el Viejo Continente, se negaba hasta ese momento a reconocer la gravedad de la situación. Insistió en que él podría controlar los acontecimientos a su regreso. No cambió de opinión ni siquiera ese domingo, cuando una multitud no le permitió aterrizar en Quito y el piloto de su aeronave tuvo que dirigirse a la base de Taura. (El piloto debió apelar a sus superiores en tierra para contradecir al presidente, que insistió hasta último minuto que lo llevasen a Quito, a pesar de que una multitud de opositores lo esperaba para darle la “bienvenida”).

En ese momento, el dictador ya tenía en mente su respuesta: Decretar el Estado de Emergencia, sacar a los soldados a las calles, imponer la censura de prensa, detener a varios líderes de la oposición, y si fuese necesario, intervenir en algunas instituciones financieras.

Algo así como un nuevo 30 S, pero elevado a su máxima expresión.

El lunes por la mañana le habló a un reducido grupo de simpatizantes convocados en la Plaza Grande. Les dio a entender que no retrocedería. Con voz de trueno, amenazó a la oposición.

En la tarde, Alexis Mera le entregó el proyecto de decreto de Estado de Excepción. (Mera se opuso desde el inicio al impuesto a la herencia, y en el transcurso de la crisis ha presentado al menos dos veces su renuncia, pero Correa se la ha devuelto enojado).

Entonces le llegó el mensaje de los militares. Le hicieron saber su decisión de permanecer “neutrales”. No lo tumbarán ni le quitarán el apoyo institucional (como sí hicieron con Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad o Lucio Gutiérrez), pero tampoco saldrán a las calles a reprimir. Ellos no repetirán el 30 S, le dijeron.

La estrategia del contraataque se quedó sin piso.

Esa noche, mientras las manifestaciones continuaban, Correa habló ante las cámaras de televisión. Anunció que retiraba temporalmente las leyes del impuesto a la herencia y a la compra y venta de bienes inmuebles. 

Las marchas del 12 de junio (la de Guayaquil en la imagen) marcaron el primer y único intento de la oposición de convocar juntos. Ese día los militares le propusieron al gobierno que retire sus proyecto de nuevos impuestos. La unidad tiene por sí sola una fuerza casi irresistible. 

Ponía así en marcha el plan B: Un retroceso momentáneo, aprovechando la visita del papa del 5 al 8 de julio.

Tampoco funcionó. El jueves 25 de junio, se sumaron a las protestas, por primera vez, Jaime Nebot y, más tímidamente, Mauricio Rodas.

Guayaquil protagonizó la más grande manifestación de su historia. En Quito, la protesta también fue masiva, pero sobre todo más radical. Una multitud se acercó al Palacio de Gobierno, y por primera vez intentó romper el cerco policial que rodea al Palacio de Gobierno. El ejército, que había colocado camiones en el trayecto de los manifestantes, los retiró. La policía se quedó sola, protegiendo a la dictadura.

Se añadió entonces un nuevo ingrediente a la crisis: la policía no reprimió de la manera brutal como exigía el presidente. Los uniformados dieron golpes y patadas, pero evitaron al máximo usar gases lacrimógenos, y sobre todo, no detuvieron a ningún dirigente. Correa les reclamó a los jefes policiales: no obtuvo ninguna respuesta que lo convenciese. (Eduardo Véliz, el preso político más destacado de estas manifestaciones, está pagando en realidad por denunciar las intenciones de la dictadura de auspiciar inversiones millonarias en Galápagos, que amenazarían el equilibrio ecológico de las islas.

Al día siguiente, Alexis Mera fue abucheado en Rincón de Francia, el lujoso restaurante de Quito, y algunos comensales golpearon sus cubiertos. Algo parecido le ocurrió a Viviana Bonilla, en Guayaquil, y al cónsul del Ecuador en un restaurante de comida ecuatoriana en Miami. Médicos de Quito expulsaron de su asamblea, a gritos, al viceministro de Salud. 

Quito, 26 de junio: Alexis Mera en una mesa del Rincón de Francia. Varios comensales lo abuchearon y golpearon sus cubiertos para repudiar su presencia. El miedo a la dictadura se extingue a pasos acelerados. 

Se realizaron asimismo marchas multitudinarias en Machala el 26 y en Cuenca el 27.

Pero para entonces, algunos sectores de la oposición habían comenzado ya a plegarse a la “tregua” propuesta por el gobierno. Cuando la comisión encargada de la Asamblea Nacional aprobó el retiro del proyecto del presidente, Ramiro Aguilar no sólo añadió su voto a favor sino que le ofreció a los asambleístas gobiernistas los argumentos jurídicos que ellos no encontraban para justificar esa postura.

Jaime Nebot le dijo a Carlos Vera -en una larga entrevista-, que se deberían suspender las protestas en homenaje al papa; Mauricio Rodas insistió en reclamar el diálogo con el gobierno; y el alcalde de Machala le entregó una condecoración al fiscal Galo Chiriboga. (El alcalde argumentó que no había querido rendir homenaje al fiscal de la dictadura sino al nuevo edificio de la Fiscalía en su ciudad).

Guillermo Lasso, el Frente Unitario de los Trabajadores, Pachacutik y el MPD (ahora Unidad Popular) mantuvieron en cambio la postura de que las protestas debían continuar, incluso durante la visita del papa. El dirigente de CREO dijo “La iglesia nos quiere santos, no pendejos”, y propuso que todas las fuerzas se unan para impulsar acciones comunes. Pero nadie le contestó, de tal manera que ni siquiera el sector que continuó luchando consiguió la unidad.

La división fue visible, sobre todo, el jueves de esta semana, cuando por primera vez no se convocó una marcha en Quito sino tres marchas diferentes. En la movilización del Frente Unitario de los Trabajadores se escucharon gritos “Fuera Correa” pero también, y casi con la misma intensidad, “Fuera Lasso y fuera Nebot”. Los alcaldes de Quito y Guayaquil y el prefecto del Azuay, a su vez, se reunieron en Guayaquil para anunciar una nueva marcha, sin fijar fecha, pero excluyendo a todas las demás tendencias, de derecha o izquierda.

Natasha Rojas es una de las dirigentes más honestas y consecuentes de la izquierda ecuatoriana, pero incluso para ella (de acuerdo con sus mensajes en Twitter) primero se lucha contra Nebot, después contra Lasso y sólo después contra Correa. ¿Quién entiende algo así?

Esa noche, los manifestantes en Quito, divididos, intentaron de nuevo llegar a la Plaza Grande. Un numeroso grupo de paracaidistas se atrincheró en el Palacio de Gobierno, aunque nunca intervino. Le dejaron la tarea de proteger al presidente a dos mil policías que rodearon la Plaza Grande (y que, de nuevo, evitaron hacer uso máximo de la fuerza). Correa se subió a la tarima y después de decir unas pocas palabras comenzó a cantar a dúo con Ricardo Patiño. No pararon hasta pasada la media noche.

Esa misma tarde, el dictador le había reiterado su mensaje a los militares y a la Policía: “¿Hasta cuándo vamos a seguir así? La oposición, dividida, no tiene nada que ofrecer, pero tampoco me deja gobernar. No hay otra salida a la crisis que imponer el Estado de Emergencia. O ustedes me acompañan, o seguiré solo”.

Esta vez, los militares ni siquiera le contestaron.

Al día siguiente, Correa hizo otro intento: descabezó a la policía, que no ha reprimido como él quería. El ministro del Interior José Serrano le puso un ultimátum al comandante general Fausto Tamayo: o le presentaba la renuncia “voluntariamente”, o lo involucrarían en denuncias de corrupción con los pases del personal uniformado. Amenazó también con meter preso a Andrés Páez.

Tamayo prefirió no hacerse problemas y dio un paso al costado.

El sábado, en su programa semanal, Correa se justificó: ”¿En qué parte del mundo se puede agredir así a la Policía, yo no comparto esto… que la Policía no reaccione”.

El siguiente paso será designar un nuevo comandante de la Policía. Ninguno de los nombres más inmediatos en la cúpula de los uniformados goza de la confianza completa del dictador, por lo que no se debería descartar que siga descabezando a la institución hasta que asuma un jefe que lo satisfaga.

Fue lo que hizo en los meses previos al 30 S.

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One Response to Una marcha UNITARIA, en todas las ciudades, el mismo día Por Emilio Palacio

  1. MICHAEL ADUM says:

    ME PARECE EXELENTE EL RECUENTO QUE HACE DE LAS PROTESTAS QUE EL PUEBLO DE ECUADOR MANTIENE Y LA DESUNION QUE EXISTE ENTRE LOS LIDERES ASIDUOS EN ESTA CLASE DE EVENTOS; ES VERDAD QUE NADIE VA DONDE NO LO INVITAN PERO ESTAS PROTESTAS SEGUN MI OPINION SON UNA TRIBUNA ABIERTA PARA EL APORTE DE IDEAS QUE CONDUZCAN A LA SOLUCION DE UN PROBLEMA NACIONAL QUE ENTRE OTRAS COSAS INCLUYE LAS ARCAS VACIAS DEL ERARIO PATRIO DILAPIDADO POR LOS ACTUALES ACTORES POLITICOS Y QUE NO CREO QUE ALGUIEN QUISIERA ASUMIR

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